Coño, 30, de junio, mañana 1 de julio, de 2016, 11 veces ya que se acaban estas columnas y 11 veces que unos años más unos años menos aprovecho para dar las gracias a quienes más me ayudan, que suele ser mi rival, y, por supuesto, familia, amigos, compañeros del periódico y ustedes, lectores en general, por seguir leyéndonos y algunos incluso comprándonos, lo que en los tiempos que entre todos -algunos más que otros- hicimos que corrieran desde el año 2000 o así es algo de agradecer. Muchas gracias, de verdad, a quienes siguen teniendo el vicio, costumbre o acto vital de abonar una pequeña cantidad de dinero por llevarse a casa estas páginas, hechas mejor o peor según quien opine pero hechas con mucho esfuerzo, profesionalidad, talento y cariño. La cantidad de elementos técnicos, económicos y humanos que hacen falta para que por 1 euro y 30 céntimos alguien pueda pasar si quiere un par de horas íntegras leyendo letras es bastante grande y quienes vivimos o sobrevivimos de ello no podemos sino agradecer a quien sigue valorando ese esfuerzo, sin por ahora sucumbir a otra clase de sistemas de entretenimiento o maneras de informarse o sin convertirse en la persona número 166 que hoy se va a leer el periódico sin coste ninguno para ella en la cafetería de enfrente de mi casa. No sabemos si el periodismo en papel subsistirá siempre o desaparecerá en 20, 10, 5 o 1 año, pero no tengan duda de que mientras estemos en ello yo siempre miraré con cariño a quienes llevan un periódico debajo del brazo, ni mejor ni peor que otros modos de informarse, pero sí el modo que a mi juicio sigue siendo el más completo para poder acercarse siquiera un poco a comprender parte de este cada vez más extraño mundo. Gracias, de nuevo, y que tengan el mejor de los veranos. El mío será el primero sin mi abuela. Espero comprenderlo. O al menos lo intentaré. Salud.