Siendo preocupante, que lo es, que aún haya partidarios de que Mola y Sanjurjo sigan donde están -y de que hicieran lo que hicieron, como quedan miles de partidarios de que ETA hizo lo que hizo, pero eso parece que es muy pronto para ser analizado o mostrado, no vaya a ser que alguien se enfade o se le manche su nuevo traje de recién estrenado demócrata- e incluso haya tibios ante la retirada de sus cuerpos, siendo preocupante eso, no deja de ser, al fin, un asunto que emparenta con la ya endémica división en como mínimo dos bandos, en la cual muchas o algunas posturas no se defienden tanto por creer a pies juntillas en ellas como por no dar la razón al otro o por pura chulería o prepotencia. Nada que no sea más viejo que el propio mamotreto de los Caídos, a fin de cuentas un montón de piedras erigidas por Franco, en tiempos de Franco, para glorificar a los asesinos de Franco y aquellos que sin ser asesinos combatieron del lado de Franco. No sé. Tener que andar pensando en darle un uso a esa infamia en lugar de demolerlo a narizazos me deja pasmado, aunque poco pasmado te puedes quedar si sacar de ahí a Mola y Sanjurjo ha costado 41 años de muerto El Invicto. Pues sigo. Siendo preocupante eso, decía, me preocupa más que si demoliesen el edificio y hubiese un parking habría un grupo equis de ciudadanos que se las apañarían para, no siendo discapacitados, obtener tarjeta y aparcar en plaza de minusválidos, como esos 136 cabrones a los que hace poco se les abrió expediente sancionador y que el jueves ponía a caer de un burro Juan Larreta, miembro de la Asociación Navarra de Esclerosis Múltiple. De una sociedad en la que sigue habiendo 136 tipos que son capaces de hacerse pasar por discapacitados para aparcar fácil aún te puedes creer cualquier cosa. A esos, a esos los llevaba yo a demoler el monstruo. Con traje de rayas y bola y cadena. Qué asco de gente.
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