ni Privilegio de la Unión ni pollas, lo que debería de celebrarse mañana si este ayuntamiento lo dirigiese gente pegada a la actualidad y a la realidad de las personas y no un historiador cansino sería que mañana día 8 -dice la Agencia Estatal de Meteorología- que existe un 60% de posibilidades de que llueva en Pamplona. Esto es la hostia: que haya opciones de que llueva en Pamplona. Que ande yo pidiendo que llueva en Pamplona cuando normalmente no hago sino cagarme en lo mucho que llueve -cierto es que en enero, febrero y marzo cayeron 354 litros, un 76% más que la media- es preocupante, pero es que desde el 23 de julio -hace 47 días- solo han caído 1,29 litros. Y no solo eso: desde el 22 de agosto, incluido hoy, han pasado 17 días y en 11 de ellos hemos tenido temperaturas por encima de 33 grados, 1 día más que en todo el período 1 de julio-21 de agosto. La chicharra de estas dos últimas semanas, cuando normalmente a partir de la segunda quincena de agosto languidece el verano, y la sequía general desde mediados de julio son excesivamente potentes y por tanto un ayuntamiento ágil lo que debiera hacer es dejarse de rollos de banderolas y burgos y conmemoraciones bobas y preparar bien de cubos y piscinas portátiles y katiuskas y chubasqueros y cosas así guays para que si mañana finalmente llueve podamos salir a la calle a celebrarlo como si del cielo cayera el maná. Es que es el maná. Y, por supuesto, deberían dar fiesta en los colegios y en los trabajos y tendríamos que salir los que quisieran en pelotas a la calle a bailar sobre los charcos y a celebrar que aunque ha costado lo suyo la naturaleza ha vuelto a imponer un poco de cordura y esperanza tras más de mes y medio sin casi agua. Una fiestonaka del agua y ahí todos enseñando el culo en el estanque de Cristo Rey y que empiece a coger un poco de alegría esa zona, que falta le hace. Como a la ciudad.