Se ha puesto en marcha una iniciativa llamada Vivir y Trabajar en el Pirineo que reclama a las autoridades una discriminación positiva -llevamos año y medio de gobierno del cambio y no hay nada, nada de nada en este sentido, más allá de blá blá blá- y a los políticos navarros 5 minutos para que cada vez que aprueban una ley dediquen ese lapso de tiempo en analizar cómo afecta al Pirineo Navarro, que para los impulsores de la iniciativa comprende Valle del Roncal, Valle de Salazar, Valle de Arze, Valle de Aezkoa, Valle de Erro, Roncesvalles, Burguete, Valcarlos, Oroz-Betelu y el Almaradío de Navascués, excluyendo a localidades prepirenaicas como Sangüesa, Aoiz o Baztán, ya que, a su juicio, “incluir datos referentes a esas poblaciones cuando se hacen valoraciones o diagnósticos de zona desvirtúa la realidad de nuestros pueblos y valles”. No dispongo de datos referentes a todos los lugares citados por la iniciativa, pero sí de Aezkoa, Roncal y Salazar. Son aterradores. En 1940, sumaban 10.600 habitantes, el 2,87% de la población navarra. Hoy en día, son 3.850 personas, el 0,6% de la población navarra. Es lógico que la despoblación rural de los 50, 60 y 70 les afectara, como a todos, pero es que desde 1981 han perdido el 34% de su población -Navarra ha ganado el 26%- y desde 2005, hace apenas 10 años, la pérdida es del 12%, mientras que Navarra ha crecido un 6% en la última década. Estos valles y pueblos, los de los premios turísticos, las fotos de nieve, los bosques inmensos, los quesos y las escapadas políticas para quedar bien, han perdido un 12% en estos 10 años. Imagino que el resto de valles y poblaciones citadas no andan nada lejos de semejante descalabro vital. Exigir que de una vez se haga algo en serio, integral, con dinero, planificado y sostenido en el tiempo es de pura justicia. Seguir hablando en balde, en castellano o en euskera, una vergüenza.
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