Una de esas web que se dedican a crear humor anunciaba hace poco que la Dirección General de Tráfico preveía que el 90% de las personas iban a quedar estas Navidades atrapadas en sus familias. Tanto la cifra como la situación son para echarse a temblar. No desesperen. Yo ya le tengo dicho a mi padre -o igual me lo tiene dicho él a mí, no sé- que esto dura bien poco: es hoy, mañana un rato, un descanso de una semana, luego un arreón bobo a última hora el 31 y después una tontada el día 6 y ya, a cascarla. No hay que hundirse, esto hay que planteárselo como el himalayismo, no puedes ir pensando en el monte entero desde que sales de abajo, ponte objetivos cortos. Y, si por un instante tienen momentos de bajón y de entendible hartura familiar -esa sobremesa en la que el aire es denso como el turrón duro y revenido, las ganas de que se abra un agujero en el sofá y te trague-, piensen siempre en los Kahn. ¿No saben quiénes son los Kahn? Comprensible. Yo les cuento. Los Kahn -neoyorquinos ellos-, en los que ustedes tienen que pensar son las hermanas Helen y Lee y los hermanos Irving y Peter. Irving, el tercero, fue el último en morir, el año pasado. Irving tenía 109 años. Su hermana Helen murió también a los 109, Peter a los 103 y Lee a los 101. No quiero ni imaginar lo cabrón que tenía que suponerles comprar el amigo invisible, si a ustedes les toca su cuñado por 5 o 6º vez y ya no saben qué coño comprar. ¡Pues pónganse por una vez en el lugar de Irving!: ¡hostia, otra vez Helen, es la vez 63ª! Por no hablar de que es más que probable que alguno de ellos -o los 4- gritase en Nochevieja ¡Feliz 1917! y que si tenían las lógicas diferencias que se tienen incluso con las personas que se quiere podían retomar en la nochebuena de 2012 una bronca que dejaron colgando en la de 1945: ¡no debimos bombardear Japón, Lee! ¡Puto pesao, eres Peter! Feliz Navidad, ya falta menos.