Visto que tenemos 7 puntos en 16 partidos jugados y que hay 38 -a este paso acabamos la Liga con 16 puntos- no es muy lógico pensar que vayamos a salir de este agujero cósmico en el que nos hemos metido, más que nada porque nos exige sacar 1,5 puntos por partido cuando hasta ahora solo hemos sacado 0,4 y porque, siendo sinceros, la plantilla está a años luz de demostrar ser capaz de obtener esos resultados. La imagen dada hasta ahora es, con diferencia, la peor que se ha ofrecido en Primera desde que tengo recuerdos y eso es la temporada 1980-81. Ni siquiera cuando se bajó en 1994, en la primera vuelta de la 2000-2001 o la de 2008-09 o en el descenso en 2014 dimos una imagen tan floja. Este es -por ahora- el equipo con peor bagaje, pinta, rendimiento y hasta la fecha señales de optimismo desde que soy rojillo. De hecho, sin ánimo de ser cenizo, creo que vamos a bajar con absoluta certeza y así lo dejo por escrito en enero, aunque quede casi el 60% de la Liga y estemos solo a 5 puntos de la permanencia. Pero, siendo eso triste, para mí lo es mucho más que la nave en la que va toda esa inmensa red de ilusión tejida por cada uno de nosotros durante décadas o años -es lo mismo- está dirigida por una demostrada cuadrilla de incompetentes. No les juzgo, yo no sería capaz de ser directivo de nada, pero lo asumo. Ellos, no, ellos insisten. Se calzan a Urban cuando está 4 puntos por encima del descenso, traen a Mateo, lo largan rápido, traen obligados a Martín, los mantiene, los sube, se lo calzan a todo correr cuando hasta el más tonto ve que la plantilla da para no mucho más, traen a Caparrós, se lo calzan aún más rápido y ponen ahora al director deportivo, el mismo que no tuvo la mínima dignidad profesional para largarse cuando trajeron a Caparrós en contra de su voluntad. No sé cuál es la solución, pero no la tiene esta gente. No llegan.
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