Leo que uno de los organizadores de la San Silvestre de Lerín argumenta que la prueba no discrimina a las mujeres porque el premio de 800 euros para el ganador y de 400 para la primera mujer no significa que el ganador no pueda ser una mujer, sino que es para la primera persona que cruza la meta: “El primer premio no es de hombres ni de mujeres, es del que gana. Si ganara una mujer se llevaría lógicamente los 800 euros, pero a día de hoy ninguna mujer ha ganado la carrera absoluta frente a un hombre”. Estas afirmaciones las hizo, imagino, sin mover un solo músculo, porque hay que tener un rostro muy duro para negar que es imposible que jamás una mujer en una prueba atlética gane a un hombre, salvo que avisemos a las etíopes Tirunesh Dibaba o a Almaz Ayana -plusmarquistas mundiales de 5.000 y 10.000- de que se vengan a Lerín y ganen a todos los tíos en liza -estas dos corren más que todos los atletas navarros hombres, aunque Javier Nagore y Dibaba andan ahí ahí en un 5.000-. A ver, no es decente esto, señores del Club Atlético Lerinés, no tiene un pase a estas alturas de la vida y de los siglos que anden con estas distinciones -el mérito no es de la marca, es de quien bate a los de su mismo sexo, requiere el mismo esfuerzo- y si aún no lo han cambiado tengan al menos la decencia de no hacer declaraciones de esta clase, ya que un hombre -aquí y en el planeta- corre los 5.000 metros un 12% más rápido que una mujer. En Lerín, si un chico gana la prueba y bate el récord se lleva 800 euros de ser 1º y 1.000 más del récord y una chica 400 y 400 -aunque, como dice Irigoyen, no se especifica que los de 800 y 1.000 no puedan ser chicas. Lo especifica la ciencia-. Estaría bien que patrocinadores y entidades públicas dejasen de colaborar con pruebas diseñadas así hasta que dejen de funcionar como en 1973 y además con choteo. Encima de machistas, graciosillos.
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