Es deprimente leer los datos que aportó el martes en comparecencia parlamentaria Manu Ayerdi acerca de la posible implantación de Ikea en Pamplona. Cualquiera sabe que ahora mismo -y desde hace mucho- miles de navarros van cada año a otras provincias y a Francia a comprar en esa tienda y que evitar esa fuga de gasto y que se gaste aquí es positivo, con el añadido de los ingresos fiscales que se obtendrían, unos 4 millones de euros anuales. Pero también todos sabemos que compras que ahora mismo se hacen en comercios más pequeños, de barrio, pasarán a hacerse en Ikea y que eso supondrá más atomización del sector o, dicho en cristiano, más joder al pequeño comercio, ya jodido de antemano. Eso es así. Pero lo realmente ominoso es leer que a Ikea le va a costar -si no se cambian las condiciones de venta de la parcela pactadas por UPN en 2015, que se pueden cambiar todavía- 9,9 millones de euros una parcela de 32.000 metros cuadrados, a 310 euros el metro, muy por debajo del precio de mercado, pero con la trampa añadida de que la urbanización de la parcela, la conexión con la avenida de Zaragoza y los viales de tráfico los pagamos los navarros, un total de 7 millones de euros. Resumen: una parcela en perfectas condiciones para levantar su tienda, con sus viales de tráfico ad hoc y sus conexiones fantásticas por 3 millones de euros (pagas 10 pero te ahorras los 7 que te costaría esa obra), a 90 euros el metro cuadrado para un monstruito con 175.000 empleados en todo el mundo y que en 2017 ganó tras impuestos 2.500 millones de euros. Eso es lo tremendo: alfombra roja solo no se le pone. La pones, la pagas y la limpias. Sí, sé perfectamente que la alternativa es que paguen como deben y te hagan un calvo y te quedes con tu fuga de pasta a otros sitios y sin los ingresos fiscales, pero imagino que habrá puntos medios en los cuales al menos no quede tan dañada la dignidad.
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