Obviamente no es de celebrar que nadie pierda sus inversiones, sus ahorros, su dinero, a pesar de que para perderlo haya tenido que meter esas grandes cantidades en chanchullos como el que estos días se ventila en la Audiencia Provincial de Navarra y el que se juzga por estafa piramidal a un asesor al que se le acusa de estafar 12 millones de euros aunque él rebaje esa cifra hasta los 2,3 millones. La justicia seguirá su curso mejor o peor y el acusado recibirá más o menos castigo, pero a mi lo que me sigue asombrando es la gran cantidad de personas que pueden llegar a verse afectadas por cosas así y, por tanto, la gran cantidad de personas que pueden llegar a meter su dinero -mucho en muchos de los casos- en inversiones que prometen intereses del 8% para arriba. Ya digo que lamento que nadie pierda su dinero justamente obtenido y seguro que con mucho esfuerzo, pero es que jugar con fuego es lo que tiene. Cuando alguien te ofrece un 8% de interés seguro mientras el mercado bancario apenas ofrece intereses y la bolsa está sujeta a vaivenes semana tras semana -con el riesgo que eso supone-, desde un punto de vista antropológico me parece fascinante conocer qué se le pasa por la cabeza a la persona a la que le ofrecen semejantes rendimientos y no solo no es capaz de sospechar absolutamente nada sino que además da el paso de meter ahí buena parte de su dinero. Codicia solo no puede ser, ahí hay una buena parte de completo desprecio por el sentido común o incluso algo de no voy a ser yo el único tonto que se ha enterado de esto que me dicen que va tan bien y no aprovecharlo yo. Ya digo que lo siento y que muy lejos de mi ánimo hacer leña del árbol caído y que visto el resultado todos somos listos, pero es que ya en pleno siglo XXI y en un mundo mínimamente civilizado e informado que pasen estas cosas es alucinante. 8% de interés, ahí es nada.
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