Ayer había estado tosiendo Luka como un carbonero durante buena parte de la noche, llamé a primera hora a su centro de salud, me cogieron rápido, me dieron cita para 50 minutos después, le atendieron -magníficamente, como siempre- y nos fuimos de allí a por lo estrictamente necesario para que a ser posible le mejorara el garganchón. En Estados Unidos, el mejor país del mundo, unos 50 millones de personas no pueden hacer esto. Ni se lo plantean. Y si, por poner un ejemplo, son diabéticos, el precio de la insulina es tan altísimo que igual pueden morir, como ya ha sucedido, porque al no haber un sistema sanitario general no se pueden negociar grandes compras de medicamentos y los precios se llegan a desorbitar, amén de por la complejísima, nada transparente y básicamente ultracapitalista legislación. Aquí tenemos una joya que cuando leo que para 2019 va a incrementar su presupuesto en unos 30 millones y que desde 2016 -primer presupuesto de este gobierno- ha crecido en 100 millones pues uno se alegra. Y no le duele tanto o nada que se suba algún impuesto. Porque para eso están los impuestos, para subir esas cifras y las de Educación y las de Derechos Sociales, que ellas solas suponen el 70% del incremento en los presupuestos desde 2016. Lógicamente, el sistema tiene fallos, y muchos no se solucionan con dinero, sino con gestión, pero no podemos ni debemos olvidar que nuestra sanidad es una gloria y que como precisamente mueve millones de millones de euros siempre va a querer ser lo más privatizada posible por quienes tienen intereses en ello, que son muchos, por otra parte. Defender eso es básico, como es básico para mí hoy dar las gracias con total admiración y agradecimiento eterno a mi médica de los últimos 15 años, Coro, que se jubiló hace poco. Disfruta mucho, gracias de corazón por todo y que tengas la misma suerte que hemos tenido contigo tus pacientes.
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