A la contra

La otra pandemia

18.11.2020 | 02:47

Al mismo tiempo que la pandemia vírica, se ha intensificado otra que ya venía de antes pero que desde junio amenaza con aplastarnos a todos: la fotográfica. Concretamente, la pandemia fotográfica de fin de semana, especialmente el sector naturaleza, aunque no solo. Tú entras en Twitter o Facebook o Instagram o simplemente en los estados de WhatsApp de los contactos de tu móvil y te aplastan las hojas, los manantiales, los niños y niñas mirando a las vacas –están las vacas hasta las tetas de tanto niño– y los nacederos y los atardeceres rojos. Estamos visitando nacederos muy por encima de nuestras posibilidades, dicho sea de paso. Y montes, riscos, peñas, miradores, acantilados, prados, bosques y setales. Y –básico– hay que contarlo. Qué sentido tiene irte a Orgi, Jauntsaras, Burguete, Lumbier, Irati, Arteta o Riezu y ver todo eso tan bonito y luego no echar ciento cincuenta fotos y colgarlas en alguna parte para que las amistades vean lo rupestre que eres y lo que aprovechas el finde y no ahí en el sofá echo un grumo con los niños poniéndote la tensión arterial en 22-14 y quién me habría mandao a mí. Si no tienes niños, da igual, que se vea también que te has movido. Y, si no te has movido, comparte con nosotros –por Dios, no nos dejes sin esa información– que tus niños saben hacer galletas, magdalenas, pan, figuras de papel, que leen 10 libros diarios o que os habéis tragado en este finde tú y tu chico todos los capítulos –los 136– de la última serie de obligada visión poco antes de cenaros esa pizza artesana rústica acompañada de la botella de vino que os habéis trincao antes de estrenar a polvos el somier nuevo –que también nos habéis enseñado, claro. El somier, digo. Los polvos, que igual eran lo único interesante, no, que esto es Pamplona, Curacity. Me muero de ganas de que llegue la vacuna. La rusa, claro, que además con conservarla al lado del Smirnoff frío ya le vale.