A pie de obra

Tirar once millones de votos a la basura

10.02.2020 | 03:23

La gente está harta, confundida y enfadada. Y sí, suena a tópico de barra de bar. Pero es la manera de soportar esta política de saldo. Ya lo dicen las encuestas: la gente desconfía de la política. Y lo peor, se muestra indiferente. Y que la política nos la chufle o que identifiquemos a los políticos por igual, deja abierta la puerta a los populismos más bastardos, a los Abascales, Riveras y demás alevines del regeneracionismo fascista

Nunca creí que tras negar a Sánchez dos veces, Iglesias llegara a tensar tanto el arco de la historia. Y viceversa. Pero ambos opinan que las ofensas se lavan con sangre.

Puede que Sánchez se haya pasado de frenada vetando a Iglesias, puede. Y es verdad que éste se pasó tres pueblos negándose a aceptar cuatro ministerios. Creo que Sánchez tiene sus amenazas; de los barones, del IBEX 35 y quizás hasta del propio Rey. Eso dicen. Como dicen que Iglesias se somete a sesiones maratonianas de psicoanálisis marxista-lacaniano para expiar esa posible participación con esta socialdemocracia que juguetea con el 155 o con mantener la reforma laboral. Porque Iglesias es de los que piensa que el hecho de que haya abusado de sus convicciones es algo que quizás deba pagar con el sufrimiento y la muerte, pero no con la renuncia. Llegados aquí, quizás ambos crean que nada mejor que el naufragio para mantenerse a flote. Quizás. Pero hay una cuestión que exige memoria. Y es que once millones de personas votaron a dos tipos que prometieron trabajar para que la derecha no campara a sus anchas. Esos dos tipos hoy ningunean ese mandato y pretenden, de nuevo, refrendar su propia incapacidad. El uno parece pensar: mejor que la izquierda muera conmigo a que renazca sin mí. El otro quizás pretenda volver a colocar al PSOE en el eje gravitacional de la izquierda. No sé, alguien debería decirles que, mejor negociar antes que Marcos de Quinto sea ministro de Economía o se instaure la Ley Mordaza. Y de postre el 155.