Isla Busura

Violinista

22.05.2021 | 01:21
Violinista

te acabas de despertar. Han sido los gritos de la vecina de arriba y un sonido seco contra el techo, como el que haría al desplomarse un oso. O un dinosaurio bebé, piensas. Y ahora silencio. Preferirías seguir escuchando esos gritos que vertebran tus mañanas tanto como los ladridos de la perra. Apoya las patas en la puerta y la empuja arrastrando el puzle. Se han perdido dos piezas. Por los agujeros se ve la alfombra. Tu madre insiste en que era blanca pero sólo la recuerdas marrón. Tu hermano ya ha saltado de la litera de arriba y se ha vestido. Te pasa 6 años, tiene 15 y se cree un rapero del Bronx. Pero sólo es un chulo, dice tu madre. Lleva navaja en el bolsillo del chándal y a veces se la enseña a los chicos de la esquina cuando bajáis juntos, tú camino del cole, y él se supone que del insti. Ellos se ríen y le dicen palabras en árabe que tú no entiendes. Él parece que sí, chocan las palmas y se echan pulsos en el aire. Un día le dejaron algo en la mano. Un paquetito. Pequeño, como tu goma. ¿Qué es? Nada. Se lo voy a decir a la ama. ¿Tú eres tonta? Y te tira de la coleta hacia atrás tanto que el cuello te cruje como una rama. Bestia. Os separáis al llegar a las Siervas de Jesús. Abre la puerta una monja que parece un copo de nieve sobre el ladrillo rojizo y los hombres que están abandonados como sacos en el suelo se incorporan. Dos son viejos jóvenes, les faltan los dientes y eso te pone cara de abuelo. Las monjas les dan el desayuno todos los días. Tu madre os ha repetido mil veces mientras cenáis los nuggets que eso es lo que pasa si te drogas. Entonces tu hermano la mira como si fuera imbécil y ella le escupe que a ver por qué cree que echó al aita de casa. Pero hoy es sábado y vas a tocar el violín. Es lo mejor. Cuando empiezan a sonar los instrumentos de Yussef, Mikel, Jawara y del resto de la orquesta te parece que vuelas, la música lo borra todo y aparece otra realidad. Vas a ser violinista. Anoche se lo dijiste a tu madre y se echó a llorar. Parecía contenta. Y todo esto es gracias a Etorkizuna Musikatan, un proyecto social integrador que existe en Bilbao. Una maravilla. Futuro en la música.

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