Mugatik

Nos fascina, nos subyuga

10.11.2020 | 01:05
Mugatik, por Aingeru Epaltza

a mediados de los 70, los primeros chavales que fueron de aquí a Estados Unidos a hacer lo que entonces se llamaba "COU americano" solían volver con el pelo largo, fumaban marihuana y te contaban cómo habían visto tocar a Grateful Dead en alguna sala californiana. Hoy seguimos mandando a nuestros retoños a que conozcan los USA, sólo que ahora caen en hogares de voluntariosos evangélicos con los que se hartan de pisar iglesias. Mucha gente de aquí ha seguido estos días el proceso electoral norteamericano con más ansiedad que si se volviese a estar en juego el sillón que ahora ocupan Pedro Sánchez o María Chivite. Yo también pienso que nos deberían haber dejado votar la semana pasada. De una forma o de otra, Estados Unidos nos fascina y nos subyuga, en la más amplia acepción de la palabra. Sabemos más nombres de estados americanos que de departamentos franceses, regiones italianas o landers alemanes. Compramos su música, su literatura y su cine. Consumimos su televisión, su comida y su bebida. Imitamos su forma de vestir y de divertirse. Hacemos nuestro su calendario festivo. Somos cada vez más como ellos y, seguramente, menos como nosotros. Aunque tampoco está claro cómo somos nosotros. Yo mismo –de Janis Joplin a Lou Reed, de Mark Twain a Cormac McCarthy, de John Ford a Stanley Kubrick– podría rellenar los 1.800 caracteres a los que debe limitarse este artículo únicamente con los nombres de esos hombres y mujeres nacidos en los Estados Unidos sin los que resultaría difícil entenderme a mí mismo. Los amamos. Los admiramos. Y, tal vez por eso, también los odiamos y despreciamos. Parece que, al final, para alivio del 90% de la población del planeta, se han decidido a darle una patada a ese engendro que han tenido cuatro años como presidente. Pero cuidado, lo pueden volver a hacer. Fabrican cosas maravillosas, pero un país capaz de haber elegido a una persona como Trump no puede ser luz para nadie.