Recursos humanos

Nuevas experiencias

19.05.2020 | 00:40

Estoy un poco como cuando te dejas las mayúsculas pulsadas sin darte cuenta y empiezas a escribir y te sale un texto raro y tienes que borrar, ajustar la tecla y repetir el texto. Con el paso cambiado. Fui a ver a mi madre y cuando llevaba un rato andando me di cuenta de que iba hablando sola. No es la primera vez, incluso tengo esa costumbre. M dice, y me tranquiliza mucho, que el diálogo con una misma es síntoma de salud mental. Diálogo, es decir, cambio de pareceres, no remugación taladrante o suelta indiscriminada de improperios silenciados en otra parte, que quede claro. Son disciplinas que también practico pero ahora no me refiero a ellas.

Mis saludables diálogos anteriores o bien eran silenciosos o bien tipo ventrílocua o bien se limitaban a materializarse en libertad cuando no venía nadie de frente, la retaguardia no la he considerado nunca a estos efectos. Pero este último sobrepasaba todas estas formas discretas y algo vergonzantes. Me iba diciendo y me iba respondiendo tan ancha. Sin elevar la voz, porque me oía sin esfuerzo, pero sin reprimir el volumen. Un Vale, no vayas por ahí, por poner un ejemplo, requiere cierto énfasis y esta es una expresión que me suelo repetir. No hay como una buena conversación con una misma.

Como caminaba a buen ritmo no sé si gesticulaba, todo puede ser. Al pasar por la farmacia que queda a mitad de camino fui consciente del hecho, había tres personas haciendo cola y su presencia activó mi alarma. Tenue sobresalto, a ver si me están oyendo. Falsa alarma, tranquilidad, reparo en que voy con mascarilla. Qué cosa. Creo que desde que la llevo le he cogido gusto a dialogar conmigo misma sin trabas. A ver cómo me controlo cuando me la quite.