Fue entre Irun y Pamplona. En la N-121-A. Una noche tan negra que era complicado identificar dónde terminaba la carretera y donde empezaba la noche. Una densa cortina de lluvia aportaba a la escena ese lenguaje cinematográfico que, sin palabras, avisa de una inminente tragedia. Las gotas martilleaban el techo del coche como disparos de metralleta y las escobillas del parabrisas solo embarraban más mis ojos. En la cabina de los camiones que venían de frente, adivinaba tras el cristal tintado la sonrisa del diablo. Ha sido la última vez que he llevado al miedo como compañero de viaje.

Los monstruos de cien ruedas venían a la carrera, como cuchillos afilados y amenazadores. Su carga no debía ser, en peso, superior a la de su prisa por llegar a algún lado. He visto pasar delante de mis narices a potentes locomotoras con menos brío y mejores intenciones que esos dragones de ojos luminosos. Su aparición a toda mecha en el recodo de una curva a la izquierda convertía cada encuentro en una apuesta a la ruleta rusa: hará la tijera, no hará la tijera. Parecían disfrutar de su aparición escalofriante en cada cambio de rasante. En fin, utilizar el carril de adelantamiento para rebasar a uno de esos paquidermos más lentos porque ya intuyen la pendiente implicaba mucha concentración, mucho temple y un volante que empapara el sudor de las manos.

Me dice un amigo camionero que lo más peligroso de la N-121-A para ellos es la bajada de Belate. Esa máquinas se aceleran y, por lo visto, el efecto físico a muchos les empuja sin freno hasta la rotonda de Behobia. “Hay mucho indocumentado” reconoce. Pues no es el mejor sitio, aporto yo, para perder los papeles, porque el volumen de tráfico y el índice de siniestralidad en esa carretera trae de cabeza a los ayuntamientos de la zona y al Gobierno foral, que el martes propone unas medidas de desdoble y mejora y el miércoles dice que son otras. Nadie termina por quedar satisfecho, quizá porque la solución sea tan escabrosa como el mismo terreno por el que se trazó esa carretera del demonio.