De lunes

De prudencia y solidaridad

08.06.2020 | 00:57

Esta pandemia que nos ha secado hasta la imaginación no hace más que abrir incógnitas e incertidumbres. El virus sigue ahí, menos presente, pero porque desde el confinamiento y la toma de conciencia no le hemos dado otra oportunidad, y no sabemos si ahora, de cara al verano, nos permitirá relajar costumbres. Ahí está la incertidumbre que a estas alturas ya no debiera ser tal. Inauguramos hoy la fase 3 con aforos ampliados y con muchas incógnitas. Ganas de desbloquearnos, desde luego, pero yo me pregunto, por ejemplo, ¿cómo se van a organizar peñas y sociedades para garantizar la seguridad y evitar más contagios? ¿Seremos conscientes de los riesgos? A la incertidumbre, las incógnitas y el temor a una enfermedad desconocida se suma el temor a quienes sin encomendarse ni a Dios ni al diablo se erigen en salvadores del orden, que también los hay. Temor a que pueda surgir una especie de Somatén para organizarnos la vida. No sé yo como va a ir esto. Verlas venir. Creo que lo mejor es que cada cual actúe pensando en él y en el de enfrente; aguante su vela y tenga en cuenta que la nuestra es una vida en comunidad y compartida. Prudencia, responsabilidad y solidaridad. Y precisamente de gestos solidarios se han llenado estos días. En este terreno queda mucho por hacer y demostrar porque el palo del covid-19 ha sido enorme. El pañuelo rojo por 8 euros de la Caja Rural para contribuir a aliviar los gastos de Caritas o la Meca, el boleto de la no tómbola, el tendido cero, las aportaciones a las arcas forales, los apoyos desinteresados, los crowdfunding y otras iniciativas son algunas vías abiertas que nos alertan de que sigue la necesidad, de que hay gente que lo está pasando fatal y de que el virus del que ya nos aburre hablar sigue entre nosotros.

Pero como sigue y seguirá, aunque más o menos fortalecido, es oportuno aprender a vivir sorteándolo y que la movilidad, ir a una peña, a una sociedad, a la comunidad vecina, a Iparralde o a donde se quiera sea posible sin que suponga un riesgo ni propio ni ajeno. De ahí la prudencia y la solidaridad.