La rendija

De Maixabel y demonios

11.10.2021 | 08:00
La rendija

Hay un momento brutal de cierre en la película de Icíar Bollaín en el que una impresionante Blanca Portillo en el papel de Maixabel consigue de manera intencionada o no cruzar las miradas de sus hija María y del asesino de su padre, Juan María Jáuregui, el que fue su compañero de vida desde su juventud. Ocurre catorce años después de su asesinato en uno de los homenajes que se realiza cada año en recuerdo al ex gobernador civil de Gipuzkoa.

Para que Ibon Etxezarreta, uno de los tres integrantes del comando Buruntza que le atestó dos tiros en la nuca, deposite un ramo de flores frente al monolito situado en el monte Burnikurutzeta, y para que María, que no llega a comprender el difícil proceso que inició su madre años atrás para dialogar con presos disidentes de ETA (los llamados encuentros restaurativos), le sostenga la mirada, hay un largo camino que narra de manera impecable la película. Bollain no da puntada sin hilo. Maixabel necesita "volver a ser Maixabel", una mujer cuyo compromiso social explica el paso que da.

En el encuentro con los asesinos de su marido se muestra durísima (un interrogatorio mucho más interesante que el de un tribunal "No me cambiaría por el papel de tu madre", le lanza a Ibon) pero lo necesita para rearmar su vida. También le pregunta a Carrasco porqué eligieron su marido, si fue por ser una persona dialogante, para encontrar como respuesta que Jáuregui era un objetivo más, que no había una razón, no llevaba escolta y aquellos dirigentes con los que Carrasco se reencontraría años después en la cárcel y que califica de "mediocres" decidían a quién había que matar. Tosar no levanta cabeza en ningún fotograma. Se encuentra perdido, buscar reparar el daño pero su arrepentimiento es creíble. Y junto a la soberbia interpretación de Portillo y Tosar aparecen personajes secundarios de mucho calado.

En un momento de la película una de las mediadoras trata de que Luis Carrasco profundice en su pasado, "no me vale con que pidas perdón si soy la víctima necesito algo más", saber que estás sintiendo, porqué lo hiciste y cómo llegaste a ello. La película, un alegato a la concordia, humana pero sin sentimentalismos, aborda temas tan delicados como el perdón, el sentido del odio, la convivencia, la dignidad de las víctimas, la reinserción de los presos en la sociedad, y el significado restaurativo de la memoria no sólo para no repetir errores sino también como una forma de exortizar los demonios, de expulsarlos, y una, personalmente, comparte con el relato que sólo cuando salen a la luz de forma real y sincera se puede acabar con ellos. No creo que haya una forma de condena más dura para un verdugo que enfrentarse a sus fantasmas, revisar sus actos y a quienes falló (no sólo a sus víctimas directas), atravesar los escenarios del crimen, y conocer de cerca las vidas que reventó. Más allá de las rejas, y sin beneficios penitenciarios por ello. En la película también queda claro que lo que a Maixabel le aporta estabilidad emocional a otras víctimas les genera rechazo. De igual modo que aparecen presos que se arrepienten, los que no se relacionan con ex camaradas porque prefieren pasar página de un pasado negro, y los que se siguen mostrando víctimas de un Estado opresor.

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