Editorial DE DIARIO DE NOTICIAS

Otra forma de violencia

El creciente número de casos en que las redes sociales se usan para violentar la intimidad alterando la vida de personas hasta el último extremo hace urgente adecuar su consideración como delito y sus consecuencias

09.02.2020 | 12:21

El creciente número de casos en que las redes sociales se usan para violentar la intimidad alterando la vida de personas hasta el último extremo hace urgente adecuar su consideración como delito y sus consecuencias.

la muerte en Alcalá de Henares de Verónica, una mujer de 32 años, madre de dos hijos pequeños, quien habría decidido acabar con su vida al sentirse incapaz de soportar la difusión entre sus compañeros de trabajo, familia y conocidos de un vídeo suyo de contenido sexual grabado hacía años, desvela en toda su crudeza las consecuencias de esa nueva forma de agresión -en este y otros muchos casos con connotaciones de género- que es el uso de medios audiovisuales y redes sociales para violentar la intimidad. También pone sobre la mesa que el empleo desordenado o descontrolado de las redes sociales y de las posibilidades que ofrecen las innovaciones tecnológicas y el desconocimiento, todavía muy generalizado, de su verdadero alcance son caldo de cultivo para el acoso y conllevan enormes riesgos que pueden alterar la vida de las personas incluso hasta llegar al último extremo. Pero, además, conjugando ambas constataciones, se confirma la necesidad de desarrollar aún más las herramientas legales que permitan prevenir, limitar y, en su caso, reprimir y sancionar las actitudes incívicas y amorales que vulneren la integridad íntima de las personas. La muerte de Verónica y la creciente presencia en la estadística de motivos de fallecimiento -especialmente de jóvenes- del acoso en redes sociales con fórmulas que ya tienen una denominación específica como el ciberbullying o el sexting, hace ya urgente, por ejemplo, contemplar agravantes que sí se aplican a otros delitos pero que no se estipulan en el artículo 197 del Código Penal ni siquiera tras su reforma de julio de 2015, que incluyó entre las conductas consideradas delictivas la difusión sin autorización de la persona afectada de imágenes obtenidas con su consentimiento. Sería el caso, por ejemplo y como al parecer investiga la Policía en la muerte de Verónica, de acciones de ciberacoso que de confirmarse deberían ser catalogadas como un nuevo tipo de maltrato, de violencia de género -y así ser sancionadas- por cuanto cuando concurren situaciones de alevosía o abuso de confianza, lo que es muy habitual, sus consecuencias más graves no parecen dirimirse ni siquiera en la aplicación de la mitad superior de la pena de tres meses a un año de cárcel o seis a doce meses de multa que se contemplan tras esa última reforma del artículo 197.