Nueva lección del pueblo de Iruña

07.07.2020 | 01:14
Ambiente en el Ayuntamiento el 6 de julio.

La ciudad volvió a demostrar ayer, en la víspera de San Fermín, su gran capacidad de respuesta y responsabilidad colectiva viviendo una jornada dura y extraña con pocas incidencias y gran carga emocional

El pueblo soberano de Iruña dio ayer una nueva lección con su interpretación colectiva de la suspensión de los Sanfermines 2020. Pamplona sabe jugar bajo presión. Lo ha sabido siempre. Y en estas fechas suele sacar lo mejor de sí misma. La potencia intrínseca de unas fiestas sin igual como los Sanfermines aflora incluso cuando se trata de no celebrarlos. O de vivirlos de otra manera. Unas fiestas de calle esta vez de puertas adentro. Una jornada extraña en la que no hubo que lamentar, al menos a la hora de cierre de esta edición, ninguna incidencia ni incidente reseñable. Y el mérito lo ha tenido fundamentalmente la ciudadanía de Pamplona que no necesita de muchas órdenes y mandos para saber lo que hay que hacer en cada momento. Los Sanfermines tienen unas normas no escritas que la mayoría sabe interpretar. Los no Sanfermines, por lo visto, también. Por muchos aforos, limitaciones, agentes de seguridad, protocolos, vallas, campañas de publicidad, tuits o declaraciones que se pusieron, si el pueblo de Iruña hubiera querido echarse en masa ayer a las calles lo hubiera hecho. Pero no fue así. Porque en un nuevo ejercicio de responsabilidad la ciudadanía decidió, a título colectivo, no festejar una jornada marcada a fuego en el calendario de la ciudad. No tocaba. Había al menos 528 razones con nombres propios en la memoria para no hacerlo. Y un reguero de casos diarios que se acumulan a los más de 10.000 contagios de coronavirus y que nos recuerdan que el peligro está ahí. Así lo entendió el pueblo de Iruña que, como en muchas ocasiones, fue desde el primer día por delante de sus mandatarios marcando una línea clara, coherente y contundente. Las cuadrillas, las familias, la Peñas, los grupos culturales, las asociaciones de barrio... estuvieron a la altura de la historia y quizá por encima de algunas instituciones que mezclaron aciertos y errores. Pero el resultado conjunto, la resultante, fue positiva y con eso hay que quedarse. Y la felicitación debe ser compartida. Siempre con esa espita abierta al entendible duelo sanferminero personal que afloró en almuerzos y gestos o rituales simbólicos, la gran mayoría entendió que ayer no tocaba. Y lo que tocó fue un nuevo capítulo de saber estar, de saber ser como ciudad. Ya falta menos para San Fermín 2021. Ya falta menos para acabar con el covid 19. Por unas no fiestas sin igual.

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