Editorial

Los riesgos de la desescalada

07.03.2021 | 02:06
Los riesgos de la desescalada

La lenta evolución de la pandemia obliga a adoptar con cautela medidas que acompañen a la desescalada, aligerando al mismo tiempo la presión que soportan desde hace un año los ciudadanos y la economía

La incidencia de la pandemia continúa su lento descenso, de suerte que nos encontramos ante una situación de vigilada estabilidad. Frente a comunidades con serios problemas para contener los contagios, las cifras de incidencia en el Estado –por debajo de los 150 casos por 100.000 habitantes– le colocan en situación de riesgo medio. En el caso de Navarra, los indicadores que arrojan los datos de las últimas semanas apuntan a una línea de evolución plana, tanto en el número de nuevos contagios detectados como en la tasa de positivos –situada ayer en el 3,6%–, con una ligera merma en el número de enfermos hospitalizados y con más de 25.000 personas habiendo completado ya su proceso de vacunación. Todo ello, sin embargo, muestra que queda mucho por hacer para poner freno al virus. Los problemas logísticos y de suministro de las vacunas en medio de una guerra entre la UE y las farmacéuticas, con significativos desmarques de algunos estados miembro, así como los aún desconocidos efectos de las distintas variantes del SARS-CoV-2 –Sanidad mantiene bajo vigilancia ya un total de diez que circulan por el Estado– y la resistencia que presentan frente a la efectividad de las vacunas, unidos a las dificultades que ya en sí genera la pandemia, dibujan un escenario preocupante en el que no cabe relajarse. En este contexto, la decisión de mantener e incluso endurecer las restricciones quince días antes de Semana Santa se antoja adecuada si lo que se persigue es llegar al verano con millones de vacunados, con menor presión sobre el sistema sanitario, y con la posibilidad de salvar al sector turístico. De ahí la vital importancia de la actuación responsable tanto de las administraciones y de la ciudadanía. No es, por tanto, una desescalada. No es momento aún para ello, ya que la situación sigue siendo grave y no permite veleidades, sino rigor. Una responsabilidad extensible a los actos y concentraciones convocadas por toda la geografía con motivo del 8-M en los que, para quien decida acudir, toda precaución es poca. De cara al futuro, las próximas semanas serán determinantes en la evolución de la pandemia y solo, de nuevo, la prudencia y la responsabilidad de todos y todas puede ponernos en la vía de la derrota del virus. Un escenario que todavía se intuye lejano.