La sesión de control y el debate monográfico sobre la corrupción han cerrado el curso parlamentario con una imagen de fuerte desgaste para el Gobierno, pero sin alterar el tablero político. El Congreso ha instado a Pedro Sánchez a someterse a una cuestión de confianza y a asumir responsabilidades políticas con su dimisión, en una votación impulsada por el PP que salió adelante con el apoyo de Vox y Junts.

Más allá del impacto simbólico, el resultado no modifica la mayoría de la Cámara baja ni dibuja, por ahora, un escenario de cambio de Gobierno. No hay una mayoría para una moción de censura ni indicios de que Sánchez vaya a dimitir. Todo apunta, por tanto, a que la legislatura continuará, aunque con una presión creciente por parte de los socios de investidura. Esa presión no procede únicamente de Junts.

También el PNV ha endurecido su discurso y reclama respuestas políticas ante el desgaste provocado por los sucesivos casos de corrupción. El Ejecutivo se mueve con un margen de maniobra más estrecho para mantener la frágil mayoría con la que se mantuvo en Moncloa. Entre tanto, empieza a despejarse el calendario electoral. Sánchez ya ha descartado hacer coincidir las elecciones generales con las autonómicas y municipales de mayo de 2027.

Las generales se celebrarán en una fecha distinta, previsiblemente antes de que se renueven los ayuntamientos y algunas comunidades. Esa separación permitirá una lectura política más nítida. Las recientes elecciones en Andalucía, Castilla y León, Aragón y Extremadura solo han servido para confirmar la dependencia que el PP tiene de Vox y para corroborar las dificultades del PSOE. Las generales serán el termómetro que medirá el impacto de la corrupción y para comprobar si los ciudadanos penalizan el desgaste político del Ejecutivo de coalición o renuevan su confianza en un Gobierno que trata de resistir con la aprobación de algunas medidas de carácter social, pero que sigue siendo incapaz de presentar siquiera unos presupuestos.

Este escenario tendrá interés en comunidades como Navarra donde el Gobierno foral se sustenta en una mayoría similar a la que sostiene el Ejecutivo central. Lo cierto es que Sánchez sigue demostrando una notable capacidad para convertir la dureza de los ataques en un elemento de resistencia, mientras la oposición no termina de encontrar la fórmula para liderar una alternativa parlamentaria.