Una utopía posible

30.03.2020 | 16:04

Amanece en nuestra pequeña capital de provincia 10 años después de la llegada del Coronavirus, esepequeño virus que dió vuelta a nuestro sistema. Vale la pena echar la vista atrás para darnos cuentade los grandes pasos que hemos dado como humanidad desde entonces, algo probablemente casi sinprecedentes, semejante a los avances que se dieron en la Grecia Clásica o en la RevoluciónFrancesa. Sirva este documento de recordatorio para las jóvenes generaciones que apenasconocieron ese pasado. El Coronavirus nos sirvió para darnos cuenta de la importancia de tener un sistema público de calidad.Antes existía una sanidad privada, en competencia con la pública, que pagaba quién podíapermitírsela y que se lucraba con las enfermedades de la gente, al igual que una poderosísimaindustria farmaceútica cuyos productos no podían comprar en países empobrecidos. Por entonces fuetambién cuando todas las residencias de personas ancianas se hicieron públicas, pues el virus secebó en ellas dado que, para enriquecerse, invertían poco en atención y cuidados. Además en lasanidad pública había largas listas de espera y había personas a las que sólo por el hecho de habernacido en otro país se les negaba la asistencia sanitaria durante varios meses.Muchos de nuestros alimentos venían de muy muy lejos, contaminando el planeta en su transporte yenriqueciendo a grandes multinacionales. Los pequeños grupos de consumo ecológico existentes sereprodujeron a millares, creando la actual Red de Consumo para la Soberanía Alimentaria en la quecompramos los alimentos directamente a las y los agricultores y hortelanos locales, sin contaminacióny favoreciendo el empleo local digno. La creación del Oiko y de otras monedas sociales localestambién favoreció esto, pues ayudó a consumir productos y servicios locales, frente a la evasión decapital que hacían las grandes transnacionales, ya desaparecidas, que tenían sus sedes en paraísosfiscales, pagaban poquísimos impuestos y acumulaban ingentes cantidades de dinero en muy pocasmanos. Todo ello, claro está, sustentado en la extracción de recursos naturales a bajo precio enpaíses empobrecidos y en la explotación laboral de las personas más desfavorecidas del planeta¡Incluso con trabajo infantil! Curiosamente había medios de comunicación que no solamente nocriticaban esto, sino que lo ocultaban y publicaban otro tipo de noticias, que hacían que la mayoría dela gente no les cuestionara porque, a lo sumo, lo que realmente querían era ser ricos como ellos yconsumir sin límite. La economía relocalizada fue uno de los grandes avances que nos trajo elCoronavirus. Hubo otros, como el impulso definitivo de las cooperativas de energía renovable, que acabó congrandes empresas contaminadoras en las que luego se colocaban las y los dirigentes al dejar lapolítica. O la creación de las Cajas de Ahorro Éticas, que ahora sirven a su verdadero fin, el ahorro dela gente y el apoyo al emprendimiento en empresas que benefician al planeta. Aunque ahora cuestacreerlo confiábamos nuestros ahorros a bancos que obtenían grandes beneficios invirtiendo enarmamento y en mera especulación, con sedes en paraísos fiscales hechos para evadir capital, ycuyos tentáculos estaban en la política, en los medios de comunicación y en las grandes empresas;todo lo alcanzaban. Todo esto consiguió detener el cambio climático, algo que parecía imparable, másque todo porque había mucha gente poderosa enriquecida a la que no le interesaba detenerlo.

Una utopía posible II (?)

La crisis postvírica fomentó la solidaridad del pueblo. Empezó con los movimientos en barrios yciudades para asistir a familias y mayores que necesitaban cuidados o ayudarles a hacer la compra uotros menesteres. Y terminó con la creación de la apreciada Red de Autogestión Horizontal, que tantoha ayudado a la mejora de la vida de las personas mayores, de las necesitadas de cuidados,personas con discapacidad y otras vulnerables. La solidaridad fue el auténtico virus de rebelión quetriunfó y se mantuvo tras la crisis inicial. La que nos hizo ser conscientes de nuestra situaciónprivilegiada frente a gran parte del planeta. Claro que todo esto fue posible gracias a que el Estadotambién asumió sus responsabilidades, instauró la Renta Universal y la reducción de jornada laboral,que permitió que todas las personas, independientemente de su situación y origen, tuvieran unmínimo para vivir. Antiguamente, pese a contar con impresionantes riquezas, había personas quepasaban hambre, que dormían en la calle, o familias de extranjeras que se hacinaban en pequeñashabitaciones, a las que además no se permitía trabajar aunque quisieran y fuera necesario para lasociedad. Otras personas se aprovechaban de esto para explotarlas o para especular con losalquileres enriqueciéndose a su costa. Suena increíble ¿no? La creación de la Vivienda Pública por Derecho acabó con todo esto. Como lo hizo también lasupresión del Ejército y la creación de la Matriz de Ayuda al Entorno (MAE). Teníamos un ejército paraguerrear ¿Con quién? Ni idea. Ahora, como sabéis, la MAE ayuda aquí y en el exterior con personalformado en aspectos sanitarios, educativos, en mediación para la paz y en reconstrucción, querealmente pueden colaborar con países en conflicto o víctimas de catástrofes naturales. El virus también ayudó a ser conscientes de lo que supone estar privado de libertad, sin librecirculación, confinados en casa. Antes se recluía a la gente durante meses y años sólo por tratar dellegar a Europa huyendo de la guerra y de la pobreza. Morían a miles en el mar, mujeres con suscriaturas incluso, porque no se les dejaba venir, ante la indiferencia general. Por fin se abrieron lasfronteras, se abrieron las puertas de los CIES y se desmantelaron todos los campos de refugiados.Ytoda aquella gente contribuyó al resurgir económico de esta sociedad multicultural y diversa que ahoratenemos. A pasar de un sistema patriarcal a uno matriarcal, con todos sus valores añadidos, que poneel énfasis en la cooperación, no en la competitividad, que ya no lucha por los recursos, sino que losadministra y redistribuye, y a una cultura de paz, no de violencia, tanto en las relaciones personalescomo en las internacionales. En fin, nuestra pequeña ciudad, y el mundo en general, ha llegado a serlo que es porque muchas y muchos pensaron y actuaron con determinación para que así fuera.23 de marzo de 2.030