¿Dónde queda el arte a partir de ahora?

22.05.2020 | 19:11

En esta situación terrible de pandemia mundial, donde la fragilidad humana se pone aún más si cabe de manifiesto, donde nuestras creencias se ponen en cuarentena, donde nuestras pequeñas certezas empiezan a disiparse y donde la vida futura como especie se juega en los hospitales, uno tiene la sensación de que además se está jugando el modo de vida posterior. Toda la gente estamos atentos al último parte médico, al último análisis científico, a las cifras de contagios y fallecimientos no solo aquí sino en todo el planeta. Los científicos copan todas las portadas, todo el protagonismo y nos lideran en esta lucha poniéndose al mando de las mismísimas autoridades, que parecen meros acompañantes a merced de su sabiduría.

Nietzsche ya nos advertía que "el positivismo científico convierte al mundo entero en datos empíricos, neutralizando la infinita complejidad de lo existente, negando el caos de la vida". El mismo filósofo que anunció "la muerte de Dios", nos pone en aviso ante lo que él considera una nueva religión, la ciencia. Hoy en día nos encontramos, simplificando (entre medio, todos los matices que se quiera), con tres posturas ante la vida o la Naturaleza, con tres tipos de creencias: la que cree en un Dios creador de la Naturaleza y por lo tanto protector; la atea que considera a la Naturaleza como un perfecto caos en el cual hay que dejarse llevar; y la racional que cree en la ciencia como única posible organizadora y controladora de esa Naturaleza.

Las personas que creen en Dios tienen un cobijo, se sienten seguras bajo su manto protector. En situaciones de complacencia, de "normalidad" a Dios tan solo le agradecen, en cambio en situaciones extremas de la vida, delicadas, difíciles de entender y resolver, se agarran a su Dios y ahí, como en un cajón de sastre, se meten todas las dudas existenciales y lo incomprensible. Dios les neutraliza la duda, les ordena el caos y sin darles respuestas, confían en su poder inmenso que puede con incertidumbres y pesares. Todo lo que les pase es por designio divino, porque así lo quiere Dios. Para esta gente la Naturaleza es peligrosa, la vida un "valle de lágrimas" que hay que pasar en espera de una vida futura superior, y consideran a la ciencia un paliativo mientras no cuestione la figura de su Dios, mientras no lo intente suplantar.

Otras personas sin embargo, entienden la Naturaleza como un caos con el cual hay que vivir y en donde les pasan cosas porque les tiene que pasar, porque las cosas suceden, porque "al que anda le pasa", porque el vivir es tomar continuamente decisiones y superar riesgos o no y entonces les deviene la situación complicada. La gente que entiende la vida así, sienten la constante amenaza de la vida y les embriaga de igual manera su belleza como la aventura del vivir. Nos dicen estas personas que desde antaño el hombre y la mujer han sido danzantes de la vida, han bailado ese caos, sabían que era imposible dominarlo así que han jugado con él. Como decía Oteiza con el juego de la pelota, el pelotari es un cazador primitivo que intenta dominar el caos (la pelota), no sabe por dónde va a salir, que bote va a tener ni si va a haber rebote, pero él en una incesante danza va en busca del caos para darle otro sentido, otra dirección. Es el placer del juego, de jugar, no tanto de ganar, el verdadero jugador lo que ama es sentirse parte del juego, parte de la vida. Para esta gente la ciencia siempre es y será un hermoso complemento que ayuda a sobrellevar la propia existencia.

Y hay ese otro tipo de personas que ni cree en Dios, ni quiere asumir que está sumergido en un caos natural, esa sensación de descontrol lo incomoda sobremanera e intenta buscar refugio en la ciencia como ordenadora que consiga dominar a la Naturaleza anárquica. La gente que confía en la ciencia piensa que el(la) científico(a) va a ser capaz de resolver todas las dudas, todos los problemas, va a ser quien nos salve de cualquier imprevisto natural; la ciencia como salvadora del ser humano frente a la hostil Naturaleza. Todo lo confían a la ciencia y a lo que ella vaya determinando, es la nueva religión de la actualidad, el experto científico es el nuevo Papa, el que les va a decir lo que hay que hacer y lo que no. Los consideran los nuevos héroes modernos que nos salvan de plagas como antes nos salvaba el Dios protector. La Naturaleza para ellos es un gran laboratorio donde experimentar, porque tiene que estar a merced del ser humano para dominarla y hacerla "amable", sin riesgos ni amenazas.

¿Y el Arte, dónde queda el Arte a partir de ahora? Las personas creyentes en Dios siempre han entendido el Arte como aquello que embellece su espacio sagrado, aquello que exprese la espiritualidad, la belleza como creación divina, todo se enfoca a realzar el sentido de su Dios. El Arte para ellos(as) es importante, pero no cualquier expresión artística, el Arte que no tenga el sentido último de trascendencia se convierte para esta gente en algo banal, carnal y prescindible. Las personas que sienten el caos natural como algo liberador, que asumen por igual sus peligros y sus seguridades, sienten el Arte como la máxima expresión que puede tener el ser humano en su aportación en su paso por la vida. Todo Arte les es bienvenido, toda expresión artística es reconocida y es del Artista, en cualquiera de sus facetas del que hay que aprender. Las personas que tienen a la ciencia como su nuevo referente, entienden el Arte como algo prescindible, acaso como un entretenimiento más con el que llenar los huecos de la vida. Nada es tan importante como la ciencia porque ella es útil, son personas que valoran sobremanera la eficacia y la eficiencia, y el Arte para ellos no lo es, todo lo contrario, hasta les puede suponer un incordio si no está dentro de los límites del ocio y el capricho.

En la carta "Cultura o barbarie" firmada por un centenar de Premios Nacionales de la Cultura se dice: "Y es que, incluso en el terrible contexto de esta pandemia asesina, no podemos olvidar que la cultura, las artes y la imaginación humana no se reducen a un mero ejercicio ornamental de prescindible entretenimiento: son, y han sido siempre, herramientas esenciales para nuestra supervivencia". Lo que hay que tener en cuenta es que Ciencia y Arte se complementan. Todos los diversos saberes se necesitan y se dan apoyo mutuo, un científico sin las cualidades de un artista (creativo, con mirada diferente, con afán de buscar, con capacidad de soñar) nunca podrá descubrir nada, siempre verá lo mismo y de lo que se trata es de ver lo que no sabemos ver a simple vista, descubrir lo oculto de las cosas y de las situaciones y para eso el Arte y la educación artística es fundamental. No habrá avance en ciencia si no hay libertad creativa. Una sociedad que se acostumbra a la mirada poliédrica de sus artistas llevará a sus ciudadanos(as) a saber explorar nuevas vías de desarrollo y a imaginarse nuevas respuestas.

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