Mesa de Redacción

Solo una simple batalla por el poder

16.02.2020 | 01:12

l a batalla por el poder en UPN, de momento soterrada, apunta a buenas dosis de dureza y malas artes. No son nuevas estas pugnas internas en UPN, forman parte de su idiosincracia asamblearia. Con UPN fuera del poder por la voluntad democrática de los navarros y navarras por segunda Legislatura, la trama se recrudece. Y no tiene fácil solución. Esparza, atosigado por la presión de su equipo más cercano, está atrapado en un discurso errático y duro que le aleja de una parte de sus bases electorales tradicionales, más centradas social y políticamente y nada cómodas con ese giro a posiciones de derecha extrema. Tampoco su alianza desesperada con PP y Ciudadanos y su seguidismo de Vox, partidos residuales en Navarra, le ha dado el aire político que esperaba. Esparza ha fracasado en sus dos intentos de recuperar el Gobierno y todo indica que sus aspiraciones de ser presidente en un tercero están más que agotadas. Esparza se juega su futuro a una carta en el Congreso de UPN de esta primavera. Sabe que si las bases no le apoyan, su pertenencia al establishment político foral en el que lleva cómodamente instalado desde finales del siglo pasado habrá llegado a su fin. Por eso, el objetivo de ganar volverá a justificar los medios que sean necesarios. Lo están viendo los afiliados y el resto de la sociedad navarra. Ya intentó una reforma exprés de los Estatutos para acaparar el máximo poder en UPN y tuvo que recular. Sayas también arriesga con su decisión de competir con Esparza, pero menos. Si ha decidido presentarse es porque cuenta con apoyos suficientes para, al menos, dar la batalla y en el peor de los casos ocupar espacio suficiente para influir en la nueva ejecutiva. Pero esta batalla pura y dura por el poder en UPN es también el síntoma de su debilidad. Su tiempo, su modelo político ha pasado porque no está siendo capaz de dar respuesta a las demandas y problemas de los ciudadanos ahora. A la UPN de Esparza le lastra la misma desconexión con la realidad social en Navarra que a la de Barcina tras más de 24 años de poder y cinco en la oposición. Le falla el discurso. No hay nada más allá del recurso al miedo. Ese antidemocrático o yo o el caos. Sin embargo, el Gobierno de Barkos en 2015 y el de Chivite ahora han recuperado la viabilidad financiera, la estabilidad institucional y la normalidad política y social con un sistema de acuerdos y alianzas plurales –de las que solo Navarra Suma se ha autoexcluido–, que han demostrado que Navarra puede afrontar los retos del presente con políticas eficientes para las demandas y necesidades de la sociedad. Navarra ha avanzado en común desde su pluralidad sin estridencias, sin exclusiones interesadas, sin falsas realidades. Ya no sirve la falsa división entre buenos y malos navarros como argumento político, pero UPN sigue anclado en una visión vieja, clientelar y reduccionista cada vez más alejada de la Navarra real de este siglo XXI. Y no parece que este Congreso vaya a suponer una reflexión profunda sobre la estrategia política de UPN ni vaya a abrir un debate mínimamente serio sobre la necesidad de repensar su discurso político hacia la realidad social actual. Será de nuevo una simple batalla por el poder entre dos candidatos, Esparza y Sayas, que difícilmente van a sacar a UPN de la bancada de la oposición en la que la sociedad navarra le ha instalado parece que para un tiempo largo.