Mesa de Redacción

Los mismos, no iguales

28.03.2020 | 00:37

saldremos de este oscuro túnel, pero distintos a como entramos. Porque, hecha virtud de la extrema necesidad, el coronavirus nos ha inoculado dosis ingentes de responsabilidad y solidaridad, sublimando nuestra capacidad de emocionar, a otros y a nosotros mismos. Ciertamente, el COVID-19 nos ha hecho mejores por dentro, más humanos y empáticos, y asímismo más resistentes a las dificultades primero y a las desgracias después, como también más sabios para discernir los asuntos trascendentes de los secundarios y aun superfluos. Además, se ha despertado el sentido del agradecimiento, en su máxima graduación respecto a los congéneres del ámbito sanitario que han expuesto su vida para preservar la de los demás pese a la insuficiencia de medios humanos y materiales. Eso sí, este chandrío nos dejará para los restos la marca indeleble de la vulnerabilidad, esa sensación de fragilidad colectiva como sociedad expuesta de forma letal a eventuales pandemias sin vacuna que no distinguen de nacionalidades ni de cuentas corrientes. No queda otra que extraer conclusiones, con el refuerzo de los servicios públicos esenciales –incluido el compromiso fiscal que exige– como primera lección. Se impone la revisión de las prioridades presupuestarias, demolido el mantra liberal de que el mercado proveerá.