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Mesa de Redacción

Ana Ibarra Lazkoz

¿Feminidad suave y silenciosa? No

¿Feminidad suave y silenciosa? NoARCHIVO DIARIO DE NOTICIAS

Mientras la violencia machista sigue dejando cifras insoportables, cada vez menos jóvenes dicen sentirse feministas que hace cinco años. En paralelo, el ruido antifeminista crece en redes, empujado por una ultraderecha que ha aprendido muy bien a hacer marketing. Pero una cosa es la etiqueta y otra lo que muchas chicas de veinte y treinta años cuentan cuando hablan de su vida cotidiana. Hoy conocemos a Yoana, Leire, Naia y Cristina.

Su diagnóstico es bastante claro: hombres que no se levantan a fregar en las comidas familiares, parejas que “no están a la altura”, comentarios machistas que siguen colándose con demasiada normalidad o cuidados que continúan recayendo casi siempre en ellas. Incluso después de haber pasado por más de una relación, muchas sienten que los mismos patrones se repiten. Mientras tanto, internet empuja otras narrativas: las tradwives que venden la vuelta a la mujer sumisa desde TikTok, la feminidad suave y silenciosa, el regreso de la delgadez extrema o una estética neutra que parece pedir a las mujeres que ocupen menos espacio y hagan menos ruido. Pero muchas jóvenes no compran ese relato, al menos aquí en Navarra.

Saben cómo funcionan las redes y tienen bastante claro que detrás de todo ese envoltorio hay una reacción al avance feminista de los últimos años. Aunque estén saturadas de información -los archivos de Epstein, las bombas de Irán... sin tiempo para digerirlas- mantienen claro lo importante: no se trata de tener el pelo perfecto sino tener sentido de la justicia, criterio sobre los feminicidios, las opresiones o la vivienda. Puede que la palabra feminista ya no sea tan popular pero las preguntas siguen ahí: quién cuida, quién cobra menos o quién sufre la violencia. Y mientras esas respuestas sigan teniendo género, el feminismo seguirá siendo necesario, con orgullo, sin complejos. No es algo de gente “rara”. Es no comprar un modelo de mujer “sumisa, complaciente y silenciosa”. Y escucharnos. La experiencia es un grado, y las redes sociales no siempre propician el diálogo entre generaciones.