Arizmendiarrieta, un líder actual

07.02.2020 | 20:48

en el 42º aniversario de su fallecimiento, posiblemente pocos recordarán que a finales de la década de los 80, en pleno rechazo de lo religioso, fue quedando desdibujada la memoria de Arizmendiarrieta como persona clave en el impulso de la Experiencia Cooperativa de Mondragón (ECM). ¿Tal vez para evitar connotaciones religiosas a un proyecto de marcado carácter socio-empresarial?

Ello generó la preocupación en algunos cooperativistas de que no fuera sino el primer paso para olvidar las raíces éticas de dicha Experiencia, enraizadas en el humanismo cristiano de sus promotores (como, desde otro punto de vista, existía la preocupación de no olvidar tampoco las raíces culturales y sociológicas vascas, no menos importantes).

Dicha preocupación se alivió con el hecho de que los fundadores recibieran en el año 2005 un reconocimiento papal, nombrándoles "Comendadores de la Orden de San Silvestre, Papa". Similar fue la motivación que impulsó la creación de la Asociación de Amigos de Arizmendiarrieta (ALE), dos años después.

Desde entonces la notoriedad de Arizmendiarrieta no ha hecho sino crecer, para lo que han influido las actividades de ALE, la celebración del centenario de su nacimiento en 2015, su proceso de canonización, culminado con la decisión del Papa Francisco de nombrarle venerable en ese mismo año, la constitución de una fundación con su nombre y, más recientemente, el estreno de un documental sobre su biografía y obra.

Pero ¿podemos afirmar con propiedad que sus valores e ideas fuerza siguen vigentes en la actualidad? ¿O es preciso admitir que la apertura de las fronteras económicas del Estado español posteriores a su fallecimiento en 1976 y las necesidades de expansión en el exterior de las cooperativas le han convertido en una figura histórica sin apenas conexión con el presente?

En definitiva, ¿estaría orgulloso de lo construido con posterioridad a su muerte? Probablemente la respuesta no es sencilla, ya que, en la Experiencia de Mondragón, como en toda obra humana, hay luces y sombras. También en las instituciones creadas con su nombre (a ALE le acompaña desde 2016 una fundación canónica Arizmendiarrieta) ha podido haber errores y omisiones.

Si nos centramos en la ECM (la más importante, con muchísima diferencia) nos encontramos con que la fórmula cooperativa por él inicialmente inventada no es la habitual en los desarrollos empresariales de las últimas décadas. Pero, por el contrario, el número de trabajadores del grupo ha crecido de forma espectacular, llegando a una cifra cercana a 80.000, más que doblando los que existían en el momento de su muerte. De hecho, desde hace ya muchos años, se ha preferido el desarrollo empresarial para favorecer la sostenibilidad de las cooperativas existentes y la creación de nuevos puestos de trabajo a la pureza de las fórmulas societarias utilizadas para ello, con frecuencia ahora bastante convencionales.

Hasta qué punto en esos nuevos desarrollos se están aplicando los valores profundos de la propuesta arizmendiana (sin olvidar su sentido posibilista: "el ideal es hacer el bien posible, no el que se sueña") es probablemente una de las reflexiones de interés para los cooperativistas actuales y los estudiosos de la Experiencia.

Por otro lado, como consecuencia de la actividad promovida por ALE, se ha aprobado por unanimidad una proposición no de ley en los Parlamentos vasco y navarro, para impulsar un modelo inclusivo participativo de empresa, definido por personas de distintas sensibilidades ideológicas y experiencias empresariales. En dicha iniciativa se consagran determinadas características y políticas empresariales que indudablemente hunden sus raíces en el humanismo arizmendiano y se insta a los respectivos gobiernos a impulsarlas.

Tengo para mí que Arizmendiarrieta haría una valoración más bien positiva de las realidades citadas. Pero pienso que también insistiría en que "siempre hay un paso más que dar" desechando la autocomplacencia por lo alcanzado y poniendo el acento en nuestra responsabilidad para afrontar las necesidades humanas pendientes de cubrir.

Aunque probablemente nos recordaría también que "la cooperación es la poderosa palanca que multiplica la eficacia de nuestros esfuerzos", subrayando que es precisamente mediante la práctica de la cooperación como es posible alcanzar objetivos extraordinarios.

En cualquier caso, quizás todas estas consideraciones merezcan una reflexión más ordenada y profunda, de forma que nos permita sacar conclusiones más fundamentadas? y más comprometedoras para las actividades de cada uno. Queda pendiente como una tarea a abordar con rigor en el futuro.

El autor es presidente de la Fundación Arizmendiarrieta

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