Con aires de cendea

09.02.2020 | 01:20

el Vocabulario Navarro de José María Iribarren describe la palabra cendea como entidad administrativa, de ordinario inferior al valle, siendo parte o división del mismo, que comprende los términos de varios pueblos limítrofes; muy excepcionalmente mayor que un valle o barrio o término de un pueblo. La primera cita documental conocida es de 1427. Aparece en El libro de fuegos de la Merindad de Pamplona y las Montañas, al mencionar las cendeas de Sansóain (Ansóain) Iza, Olza y Galar. Es sobre la primera la que quiero hablar, la Cendea de Ansoáin. Aunque ya no exista como tal, agrupó a doce entidades hasta 1991, año de su disolución. De ella nacieron como municipios independientes Ansoáin y Berriozar y como nueva cendea, la de Berrioplano. La jurisdicción ordinaria la ejercía el diputado de la cendea, cuyo empleo se turnaba por las casas de todos los pueblos.

Pueblos cargados de historia y arte, muestra de ello, la iglesia de la Purificación en Berrioplano. En uno de los capiteles de su portada del siglo XII aparece la primera representación de San Miguel de Aralar. Son destacables también los dos palacios del Cabo de Armería, el de Ansoáin y el de Berriosuso, otro palacio, el de los Ezpeleta en Berriozar fue clave en la historia del reino. En julio de 1512 en plena invasión castellana don Juan, barón de Ezpeleta, agramontes, abandonó el palacio y acompañó a su rey a Francia. En otoño del mismo año, Juan de Albret y Catalina de Foix, los reyes legítimos, intentaron reconquistar su reino con ayuda de las tropas francesas. Quienes se fueron apostando por los pueblos de la falda de Ezkaba-San Cristóbal, la intentona fracasó y Juan de Labrit se despidió de sus súbditos desde el palacio de Berriozar. Ocurrió el uno de diciembre, mediante una carta y antes de marchar de nuevo a Ultrapuertos. Interesantes también las iglesias del siglo XIII, como Añezcar u Oteiza. O los retablos romanistas de Aizoain, Artica, Baillariain o Berriozar. Pero la vida de la cendea fue más que eso, cerealista, ganadera con sus variados animales caballos, cabras, ovejas, cerdos... La huerta también constituyó una fuente vital de recursos y en las regatas que cruzaban los campos se pescaban anguilas, sin olvidar el tristemente desaparecido Txakolingorri, que se producía por toda la Cuenca, perdiéndose en los años sesenta.

El alcalde de Artika, Félix Sarasa, luchó persistente contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Tomó las armas en 1809, convirtiéndose en lugarteniente de Espoz y Mina el cual lo tildó como "el vascongado más cerrado que había existido en Navarra". Pues apenas pronunciaba alguna palabra en castellano. Durante la Tercera Guerra Carlista, los tres Berrios y el monte Ezkaba, además de los pueblos colindantes a Iruña, se encontraban sitiados por los carlistas. Esto duró cinco meses, desde agosto de 1874 hasta febrero de 1875. A diferencia de esto, Pamplona y las tres capitales vascas eran liberales. Los dos bandos estaban apostados muy cerca uno del otro, liberales en la Rotxapea y carlistas en Artica y Berriozar. Cada vecino de la cendea estaba obligado a pagar impuestos en especie: pan, carne, vino, alubias? una cantidad que variaba, según la riqueza de cada uno. En las ventas de Añezcar y Venta Berri de Berriozar se acantonaron las fuerzas de caballería durante todo el periodo. Además de estos hechos, el siglo XIX también supuso para los habitantes, conocer nuevos transportes como el ffcc. El primero, la línea Castejón-Altsasu acabada en 1865 y que hoy en día sigue activa y el segundo, el Plazaola. Este último también fue conocido como tren txiki, realizaba la línea Iruña-Donostia y fue inaugurado en 1914. Contó con estación en Aizoain y apeadero en Berriosuso. Para los años sesenta el Plazaola ya era historia, desmontado dos años antes y sus terrenos subastados.

El asociacionismo de principios del s XX tuvo nombre y apellidos, como el berriozartarra Miguel Echarte Errea, cantero de profesión y alcalde de su pueblo, impulsó la construcción de las escuelas y fue uno de los fundadores de la UGT en Navarra. Era un hombre que llevaba como bandera la justicia social, además de su amor por el monte Ezkaba, el cual cuidó y mimó con exquisito recelo. Los primeros años del siglo veinte fueron bastante convulsos, dos guerras mundiales y una civil, esta última que no pasó por alto el devenir de nuestra historia.

En 1878 comienzan las obras del Fuerte de San Cristóbal, durando más de cuarenta años, pero para cuando se terminó, su principal uso defensivo quedó inservible. Durante el alzamiento de 1936 se convirtió en una de las mayores prisiones del Estado, produciéndose en ella la mayor fuga de presos de Europa y puede que del mundo. El 22 de mayo de 1938 más de tres mil presos salieron a la carrera por el monte desorientados y desnutridos, con el fin de cruzar al otro lado de los Pirineos, solamente tres lo consiguieron, puede que cuatro, trescientos asesinados por las faldas del monte y pueblos aledaños y los cabecillas, fusilados públicamente en la Ciudadela de Pamplona.

El euskera es también elemento destacable, desaparecido entre los siglos XVIII-XIX, nos quedan topónimos como: Lapurbide, Mezkiriz, Errekalde, Ugalpea, Izkiri o Arrondoa. Y palabras como: piperropil, botxa, golda, sarde, baldarra, zacarro o laya. Desde los años sesenta sucedió un boom urbanístico, sobre todo para Ansoáin y Berriozar, que dieron un vuelco demográfico mayúsculo. Con gentes de aquí y de allí, la vida de la cendea cambió por completo hasta su disolución en 1991. El 14 de marzo se cumplieron 28 años de este hecho, que mis palabras sirvan para recordar lo que algún día fuimos, además de lo que nuestros antecesores nos dejaron y cuidaron.

El autor es investigador de Historia