Libros

09.02.2020 | 06:07

El pasado 23 de abril fue el día del libro. La razón por la que se escogió este día es que, supuestamente (no existe acuerdo común entre los historiadores), coincide con la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, en el año 1616. En todo caso, y sin ninguna duda, la escritura es uno de los grandes inventos de la historia: permitió almacenar conocimiento. En términos técnicos, capital humano.

Un viaje en tren o autobús nos sirve para ver que quizás el libro está en decadencia. La mayor parte de las personas aprovechan estos ratos para consultar sus dispositivos móviles (sí, algunos son libros electrónicos) y el número de lectores es cada vez más escaso. Así pues, ¿por qué no reivindicar el libro?

En primer lugar, los libros nos aportan capacidad de reflexión y crítica. Muchos regímenes políticos siempre han tenido la tentación de suprimir todos los manuscritos incómodos para instaurar ideas que persiguen un único objetivo: legitimarse intelectualmente. Muchas bibliotecas han desaparecido entre cenizas, siendo el caso más sangrante el de la de Alejandría. El 10 de mayo de 1933 los nazis realizaron una acción contra el espíritu anti- alemán mediante la quema pública de libros. Por algo será.

Sí, es verdad que Internet nos puede proporcionar muchísima información, y en ese sentido el papel de Wikipedia es impresionante. Pero no es lo mismo información que capacidad de reflexión y crítica. Eso lo proporciona un libro, no Internet. Además, no podemos obviar una diferencia fundamental: la mayor parte de las veces, una persona que deja información en Internet no asume ninguna responsabilidad. Sin embargo, quien aporta información en un libro indica sus fuentes para que así el lector tenga confianza en la veracidad de lo que está leyendo. Además, un escritor no puede plagiar obras de otros ya que se expone a problemas legales relacionados con los derechos de autor. Familiar, ¿verdad? En Internet la copia tiene una regulación más laxa.

En segundo lugar, los libros estimulan nuestra imaginación. Una película como La historia interminable nos aporta la visión del director de la misma. La lectura del libro, sin embargo, nos aporta una visión personal y única. Cada lector se sumerge en su propia aventura. ¿Acaso no hemos comenzado la mayor parte de nosotros a desarrollar nuestra imaginación con historias como Caperucita Roja, El gato con botas o Pulgarcito? Al fin y al cabo, un cuento no deja de ser el primer libro para los más pequeños, aunque sigan conservando su encanto para personas de todas las edades.

En tercer lugar, un libro nos aporta una historia. Nos encantan las historias. De hecho, existe una técnica basada en la transmisión de historias llamada Storytelling que la expone y que, como denuncia el escritor francés Christian Salmon, se puede llegar a usar para manipularnos. Muchos partidos políticos venden storytelling, venden relatos. "Cuidado que vienen los de la plaza de Colón", "Subiremos los impuestos a los más ricos", "Bajaremos los impuestos en 700 euros de media a todas las personas", "Nuestra comunidad será escuchada como merece" son ejemplos claros. Programas, ¿para qué?

Para Ad Week (seminario estadounidense de publicidad) sólo hay siete tipos de historias en publicidad y arte que son: peleas contra monstruos (el débil bueno gana al fuerte malo), renacimiento (se supera una dificultad), búsqueda (un tesoro, un sentido), viaje y regreso (muchas odiseas son así), el pobre se convierte en millonario o se casa con la persona que parecía inaccesible (final feliz), tragedias y comedias. Sin embargo, la imaginación de los escritores es rica y todos los años aparecen obras que todavía siguen enamorando a millones de lectores.

En cuarto lugar, aprendizaje. Leyendo se aprende. Y aunque el escenario más habitual para ello es el ensayo, en una novela nos puede inspirar la fuerza de voluntad o la determinación de los protagonistas. Mediante libros podemos aprender a cocinar, a relajarnos, a meditar o a invertir en bolsa. Campos tan dispares como la magia, alimentación, geografía, astronomía, historia, filosofía o la psicología están en los libros. Las posibilidades son enormes. Además, tenemos la ventaja de que el autor de un libro se ha dedicado a investigar, ordenar, reciclar y dejar lo más importante de su conocimiento para que el lector pueda sacar el máximo provecho del mismo.

Por último, los libros proporcionan desarrollo personal. Muchas personas se arrepienten, con el paso de los años, de no hacer más deporte, de no haber estudiado una carrera determinada o de haber estado demasiadas horas viendo la televisión. Desde luego, también existen personas que se arrepienten de no haber leído más.

Sin embargo, pocas personas se arrepienten de haber leído demasiado. Existen muchos intelectuales que han tenido pesadillas pensando en todo lo que no iban a poder leer en su vida.

Amigo lector, pon un libro en tu vida.

Merece la pena.

Economía de la conducta. UNED de Tudela