Más Europa

09.02.2020 | 18:50

sin duda, nos encontramos, desde hace ya algunos años, ante una crisis de la Unión Europea. Crisis que ha dado alas a partidos euroescépticos que defienden posturas poco acordes con los principios que inspiraron su creación.

Partidos que propugnan la salida de la UE, que dejan a un lado toda humanidad cuando se trata de defender los derechos humanos de personas procedentes de otros países. Partidos que defienden posturas autoritarias y restringen la libertad de expresión. Partidos que relacionan el empeoramiento de las condiciones de vida de una mayoría de la población europea con las políticas económicas liberales defendidas desde la institución (recortes en gasto público, ayudas para bancos privados, reducción de derechos laborales, aumento de impuestos indirectos y descenso de los progresivos, falta de actuaciones contundentes contra los paraísos fiscales).

Ante ello, la respuesta de la institución es: menos Europa. Si el racismo y la xenofobia atraen votos de millones de personas descontentas, la UE ha decidido adoptar esos valores con una gestión en el tema de las personas migrantes que es una auténtica vergüenza. Y además es descorazonador que proceda de países que han exportado personas durante décadas debido a las mismas razones por las que, hoy, otras acuden a nuestras fronteras.

De manera que denunciar este comportamiento de países que se encuentran entre los más ricos del mundo es una obligación por parte de cualquier persona decente. Y eso hacen muchas de nuestras conciudadanas en actos como los del pasado día 2 pidiendo la liberación de la capitana alemana. Y eso opinaba el 82% de la población española, que sentía que el Gobierno debería estar haciendo más por ayudar a los refugiados y consideran insuficiente su actuación, según una encuesta realizada en 2016 por Amnistía Internacional.

Pero en lugar de ayudar, se ha decidido emplear ingentes cantidades de dinero (que acaban en los beneficios de pocas empresas, por cierto) en impedir la entrada de personas que acaban en el fondo de nuestro mar común. Pero, dando un paso más allá, se criminaliza a quienes salen a salvar vidas, como ocurría, por ejemplo, en tiempos de la Alemania nazi con quienes socorrían a personas perseguidas. Y ahí tenemos los lamentables casos del gobierno italiano con su intento de inculpar a Carola Rackete o de nuestro gobierno cuando amenaza a Open Arms con multas cuasi millonarias por desarrollar una labor meramente humanitaria.

También es menos Europa, menos democracia, el sistema de elección de los cargos más importantes de la institución. Por no hablar de las personas que han sido nombradas. Me referiré, en concreto a una de ellas.

Cuando hablamos del Banco Mundial, no está de más tener presente los delitos de que han sido acusados los últimos directores gerentes, de cara a que no sacralizar sus contradictorias recetas, al tener en cuenta los personajes que han ocupado su dirección. Y es de esta cuestionada institución de donde nos traen a la nueva directora del Banco Central Europeo, encargado de establecer las políticas monetarias de todos los países de la zona euro. Políticas que afectan a la economía de nuestros países y con ello al desempleo, la inversión, el gasto público, con todas las consecuencias que tienen estas variables en la vida de la ciudadanía.

De manera que no han encontrado mejor candidata que esta mujer declarada culpable por cargos criminales relacionados con el uso indebido de fondos públicos durante su período como ministra de Finanzas en Francia. Esta mujer a la que el Banco Mundial le exigió una conducta ética, pero a la que mantuvo en su cargo pese a haber sido condenada en su país por "negligencia en la desviación de fondos públicos" por haber favorecido a un empresario con 403 millones de euros de fondos públicos. Esta amiga de millonarios, que propuso bajar los salarios en España cuando ella se subió el sueldo un 11% y ganó 2,2 millones en casi seis años, es la persona que dirigirá el Banco Central Europeo.

Todo muy decepcionante para quienes sí quisiéramos creer en una UE defensora de los derechos humanos, del Estado del Bienestar, de las libertades. Para quienes querríamos más Europa en lugar de menos.

La autora es economista