‘Estornutos’

03.02.2020 | 06:16

viajé de voluntario con una ONG por un breve periodo de tiempo; las fuerzas de la naturaleza actuaron de manera muy violenta produciendo cierto desastre social, económico y sanitario.

Además de la labor asistencial sanitaria y conjuntamente con voluntarios locales, realizamos labores de formación-educación sanitaria. Para ello, y aprovechando la consulta medica, se hacían unas preguntas muy básicas y los damnificados opinaban al respecto.

Por su participación se regalaba una camiseta, de colores llamativos y agradables, con diversos eslóganes impresos en la misma. Había varios, pero hubo 2 que me llamaron la atención.

El primero decía: antes de comer, lávese las manos. Personalmente me daba apuro regalar esta camiseta y, mas todavía, hacer/oír preguntas/respuestas sobre ello. Me parecía incluso una falta de respeto hacia los preguntados. Asumía y presumía que todos y cada uno de nosotros lo hacíamos, al menos cuando el agua era fácilmente accesible. Estoy muy arrepentido de mi suposición, gran error de diagnóstico y muy alejada de la realidad.

Tanto que en los centros de salud y hospitalarios de nuestro país se ven póster invitando a que esta (falsa) presunción se convierta en realidad. No hablo de implementar la misofobia, ni de lavarse las manos hasta que sangren, sino de evitar que existan uñas que parece estén de luto (por su color) y que sirvan de agente transmisor de diversas enfermedades.

Las manos tienen cuerpo y alma, son la representación visible de nuestro bienestar.

Y la solución está en nuestras manos.

Hay variantes menores, más visibles en centros de ocio (bares) donde hay información (periódicos) a libre disposición de manera gratuita. Es muy habitual, mas en determinadas edades, que el pasar página conlleve un lametazo, habitualmente del pulgar y con frecuencia del pulgar y del índice. Siempre se hace en el ángulo inferior de la página; ello te garantiza, mutatis mutandi, cierta inmunidad por sensibilización a hipersecreción glandular foránea, lo que ayuda a diagnosticar y cuantificar los gérmenes más habituales en la comunidad.

El segundo decía: cuando tosa o estornude tápese la boca. Es destacable, de manera muy desagradable, el desparpajo con que muchos humanos estornudan y/o tosen a pleno pulmón, sulfatando a quienes les rodean en un círculo amplio. Si la habilidad implica toser y estornudar en el mismo movimiento, se denominan estornutos, replica terrenal de Diógenes. Las gotitas salivales, auténticas granizadas, avanzan en formación hacia los rodeantes; no hay intento de aborto. Y ello debido a que un estornudo/tos reprimido conlleva un escape de orina, dice la mitología popular. Y lo más llamativo es que quienes rodean al susodicho le ríen la gracia, llevando su contabilidad (uno, dos, tres), con los ojos cerrados, tachándolo de campeón de campeones, artista del estornudo, escultor de materia orgánica y otros títulos que inflaman el ego del estornudador/tosedor, saboreando su éxito al sentirse príncipe entre los parias del intelecto. Y digo con los ojos cerrados, porque si lo hicieran con los ojos abiertos, verían el germen que transmiten la gripe, o los bacilos que transmiten la tuberculosis o cualquiera otra de las muchas enfermedades que se transmiten por vía respiratoria. Por supuesto tienen su pléyade de seguidores, de émulos que compiten y de epígonos que continúan con la tradición; pura cultura popular cual carnaval goyesco.

Ambos, tos y estornudo, deben hacerse cara al sol, cogiendo impulso y con el cuerpo adelantado en el momento de la explosión, a cuerpo descubierto.

Cualquier atisbo de refinamiento intelectual es una ensoñación, son los divinos. Nos recuerdan el retorno de los pantalones campana, asimilables a los pájaros de Borges.

Son auténticos profesionales del ramo, doctos en la materia; no hay que ningunearlos, dado que son muchos y están en todos los lugares.

La tos es un síntoma muy habitual en las consultas médicas, más en periodo catarral/gripal. No es inhabitual que el paciente, para corroborar y confirmar el síntoma, haga un ejercicio tusígeno (habitualmente forzado) unidireccional, dirigido a la cara del sanitario; con un plus de puntería va directo a su cara. Lo hagan por imprudencia, por ligereza o por malicia pensamos que ello es debido no a la falta de educación (sanitaria) sino a que ello les produce sueños húmedos; son criaturas imposibles de admirar. No quiero estigmatizar a nadie, pero están abducidos por la idiotez, auténticos herejes del pensamiento. No es obligatorio que practiquen en consulta o que pongan en duda la veracidad de la credulidad medica, a riesgo de que se les aconseje caramelos de malvavisco.

Con el desparpajo habitual, con la arrogancia del ignorante, con la actitud chulesca del estafador social, salen de la consulta con el deber cumplido, son inmisericordes en su paradoja de la evidencia, resultando imposible buscar una explicación caritativa de su lenguaje parahumano.

Y es una religión con devotos, tienen sus seguidores pura hermenéutica contemplativa. Con humildad franciscana, le pido a San Achís proteja nuestro espacio personal de las hordas patológicas en formación militar, del pragmatismo de los incrédulos y de la idiosincrasia barriobajera de los gregarios.

Hay que ser tolerantes con la ignorancia, pero no con la necedad.

El autor es médico de Osasunbidea-Servicio Navarro de Salud