La responsabilidad social de Carlos Gimeno

05.10.2020 | 01:30
El consejero Carlos Gimeno

El pasado 7 de septiembre comenzó el curso escolar para el alumnado de Educación Infantil y Primaria en Navarra. Durante los días previos y posteriores a esa fecha estuvieron puestos los focos mediáticos en las condiciones especiales en las que se iba a dar el comienzo de curso debido a la situación especial que estamos viviendo en torno a la pandemia de la covid-19. Fuimos testigos de un batiburrillo de informaciones, muchas de ellas contradictorias, en las que se daba cuenta de cómo íbamos a proceder en los centros educativos para que la actividad escolar fuera lo más segura posible. Los medios de comunicación locales se convirtieron en los canales a través de los cuales los y las trabajadoras de educación nos íbamos enterando de forma oficial de los planes que el Departamento de Educación tenía previstos para el comienzo del curso.

En ese embrollo mediático, no faltaron las declaraciones del consejero de Educación, Carlos Gimeno: "Tenemos un sistema educativo de calidad y hemos trabajado para que tengamos las mejores garantías de seguridad, de prevención e higiene", "el Departamento de Educación va a reforzar con 666 docentes el próximo curso educativo 2020-2021", a la vez que arengaba envenenadamente a los y las trabajadoras de educación a actuar "con responsabilidad social, homologándola con la que han desarrollado el personal sanitario y de los Derechos Sociales". Buenas frases para poner en titulares de prensa a finales de agosto. El papel lo aguanta todo. Sin embargo, no se hacía referencia a la medida más importante que debería haber tomado el consejero en los centros educativos; la bajada de ratios de los grupos de Educación Primaria. Además de ser una reivindicación histórica por parte de los y las profesionales de la educación, ahora se daban unas circunstancias en las que haber tomado esa decisión habría dado credibilidad al Departamento de Educación en su presunta apuesta por una actividad escolar segura más allá de la estrategia basada en medidas de bajo coste para el departamento: geles, mascarillas, alumnado en filas, grupos burbuja, patios divididos en cuadros€

Así, con la incertidumbre que os podéis imaginar, comenzó el curso el día 7 de septiembre. Siguiendo las directrices del departamento, se envió desde los centros a las familias el plan de contingencia o, mejor dicho, los planes de contingencia, ya que cada día se recibía una versión nueva que corregía la anterior.

De los 666 profesores sobre plantilla contratados por el departamento, al centro donde trabajo, el Colegio Público Ezkaba de Antsoain, correspondían dos. Empezado ya octubre, todavía no han sido nombrados esos dos profesores. Este retraso resulta injustificable dada la antelación con la que conocía la situación en la que nos íbamos a encontrar a principio de curso.

La mayor parte de los grupos de Primaria sobrepasan los 20 alumnos, con lo cual es absurdo hablar de la distancia de seguridad en las aulas. Con grupos tan numerosos resulta complicado y costoso ejercer el control necesario para que se cumplan los protocolos que determinan una multitud de normas que, aun pudiendo ser necesarias, dificultan en gran medida la actividad educativa habitual (control del grupo en entradas y salidas, reparto de gel de forma continua, almuerzos controlados en el aula, control de espacios estancos en los patios, control de distancias en el aula€).

En el primer mes de curso ya se han producido varios tipos de confinamiento de alumnos y profesores en el centro. Ha habido casos en los que se ha confinado a un alumno por estar relacionado con algún positivo ajeno al centro. Una vez confinado el alumno surge la pregunta: ¿quién atiende de forma telemática a ese alumno? Su tutor y resto de profesores están atendiendo de forma presencial al grupo con lo que su jornada laboral queda ya completa. ¿Hay que atenderlo fuera del horario de contrato del profesorado? Esa pregunta la hemos formulado más de una vez al departamento. No hay respuesta. En la prensa de agosto tampoco se hacía mención a esta circunstancia. Esperemos que no nos manden a nadie de la Unidad Militar de Emergencias a cubrir el servicio.

También se ha dado el caso de que algún profesor ha quedado confinado por tener relación con algún positivo ajeno a la escuela. Tal como es habitual en estos casos, el profesor ha cursado baja durante diez días. ¿Tenía previsto el departamento en su plan de contingencia sustituir a dicho profesorado? Por supuesto que no. ¿Quién se hace cargo de la carga lectiva del profesor confinado? Sus compañeros y compañeras añadiendo más horas lectivas a sus horarios ya completos. Además, esto supone que por un grupo que tenga al tutor confinado pase cada día un rosario de profesores de guardia, lo cual pone en contradicción las normas básicas del plan de contingencia.

En el grupo en el cual ejerzo de tutor, la semana pasada un niño dio positivo en una prueba PCR. Lo mismo ha ocurrido en otros grupos del centro. Automáticamente el grupo quedó confinado y cada alumno y alumna deberá pasar dos pruebas PCR y, si dan negativo en las dos, volveremos a recuperar la normalidad. Yo, como todos los tutores de Primaria, permanezco el 80% del tiempo lectivo dentro del mismo aula que mis alumnos y alumnas. Sin embargo, yo ni he sido confinado ni se me ha hecho ninguna prueba PCR. No doy crédito a esta forma de actuar. Yo, como tutor, llevo la mascarilla puesta cuando mis alumnos la llevan, me la quito para almorzar cuando mis alumnos se la quitan para almorzar. Tengo el mismo contacto físico con ellos que ellos entre sí. ¿Por qué a ellos sí y a mí no? ¿Yo no puedo estar contagiado? ¿No hay que tomar medidas para proteger a mis compañeros o a mi familia ante un hipotético contagio mío? Increíble, humillante y vergonzoso. El Departamento de Educación se justifica diciendo que esas directrices las marca Osasunbidea. Tras el confinamiento hemos puesto en marcha el plan para atender al alumnado de mi grupo de forma telemática. Veníamos rodados del curso pasado y está resultando sencillo y eficaz el trabajar a distancia. Debido a que nuestros grupos no acuden a la escuela, decidimos que realizaríamos el trabajo telemático desde nuestras casas, no solo cumpliendo con el horario escolar, sino rebasándolo de forma diaria. Además, no acudiendo físicamente al centro, reducimos las posibilidades de convertirnos en un agente de contagio hacia nuestros compañeros y compañeras. Al tercer día de confinamiento el Servicio de Inspección se pone en contacto con el centro para saber desde dónde estamos ejerciendo nuestra labor docente los tutores de los grupos confinados. El equipo directivo del centro le indica que lo estamos haciendo desde nuestras casas. El inspector ordena al equipo directivo que nos obligue a cumplir con nuestro horario de forma presencial desde el centro a pesar de que nuestros alumnos están en sus casas. Surrealista.

A los que llevamos muchos años ya trabajando en educación hay muy pocas cosas que nos puedan sorprender. Ya hemos visto pasar muchos gestores del Departamento de Educación que han mostrado muy poca empatía por las trabajadoras y trabajadores del ramo. Pero sin embargo en este curso, en este comienzo de curso en el que el consejero de Educación se apresuró a decir en los medios que iba a ser ejemplar y seguro, estoy apreciando un ambiente entre el profesorado que me está llamando mucho la atención; el hartazgo, malestar y desasosiego generalizado entre mis compañeros y compañeras. Demasiado malestar para ser principio de octubre. Ya veremos cómo termina esto.

El consejero de Educación, Carlos Gimeno, es el gestor público de un bien que también es público, como es la educación. Por ello, parafraseando sus declaraciones a los medios de comunicación a finales de agosto, apelo a su responsabilidad social para que se comprometa de forma real y efectiva en la defensa de la educación pública, en el bienestar y seguridad de las familias y en los derechos de los y las trabajadoras. Nosotros y nosotras cumplimos sobradamente con esa responsabilidad social, pero que no olvide Gimeno que esa responsabilidad social en materia educativa es también suya, sobre todo suya.

El autor es trabajador del Colegio Público Ezkaba Ikastetxe Publikoa