Proteger la paz en Irlanda del Norte

15.05.2021 | 00:44

ayer, el exprimer ministro de Irlanda, Bertie Ahern, participó en la Ponencia sobre el Brexit de la Comisión Mixta para de la UE en las Cortes españolas. Ahern, hijo de un miembro del IRA, fue el taoiseach de la República de Irlanda entre 1997 y 2008, tras haber asumido anteriormente importantes responsabilidades políticas y gubernamentales. En sus casi doce años de mandato, la gestión económica del equipo de Ahern fue muy positiva a la luz del espectacular crecimiento del PIB irlandés, que no tuvo parangón en Europa Occidental y que duplicó con creces el promedio de la Unión Europea. Sin embargo, su gran contribución política residió en su papel determinante y protagonista para el logro de la paz en Irlanda del Norte, gracias a los Acuerdos de Viernes Santo de abril de 1998, que fueron ampliamente refrendados por el pueblo irlandés de ambas partes de la frontera, y para lo cual se enfrentó con contundencia y claridad a los que empuñaban las armas.

A los 100 años de la creación de Irlanda del Norte y 22 años desde los citados Acuerdos de Stormont, Irlanda del Norte vuelve a la actualidad con motivo del Brexit. Desde el principio, teníamos muy claro que la "cuestión irlandesa" iba a ser uno de los temas más sensibles y delicados del proceso de retirada del Reino Unido de la UE. Y así ha ocurrido. Los recientes incidentes y tensiones, que nos deben preocupar profundamente, son un ejemplo de ello.

Más allá de lo ya sabido –una de las prioridades del Brexit era evitar una "frontera dura" entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda– es necesario apelar a las responsabilidades de unos y otros para preservar y proteger el proceso de paz en Irlanda del Norte, empezando por la Unión Europea.

Porque la UE es tributaria de un proyecto de democracia, derechos humanos, libertad y respeto y reconocimiento entre los pueblos europeos y, por lo tanto, de un anhelo de paz, convivencia y progreso económico y social. Sin embargo, durante décadas, la UE ha caído en la grave contradicción de pregonar estos principios y objetivos, pero no actuar en territorio europeo en diversos conflictos políticos, algunos de ellos grave y perversamente contaminados por prácticas de violencia y terrorismo. Ha sido el caso irlandés y también en relación a lo ocurrido en Euskadi, donde aún estamos esperando que algunos asuman una convicción ética y humana de lo ocurrido para decir, simplemente, que matar y vulnerar los derechos humanos estuvo mal.

Tradicionalmente, la UE se ha limitado a ignorar y despachar este tipo de situaciones alegando que son "asuntos internos". Y eso que en el caso irlandés estaban implicados dos Estados miembros de la Unión.

En Irlanda del Norte, bajo los auspicios del presidente norteamericano Bill Clinton, tuvo que ser la decisiva mediación del exsenador norteamericano George Mitchell que dio como resultado el Acuerdo de Viernes Santo. Un Acuerdo según el cual, entre otras cosas, Dublín renunciaba a su pretensión constitucional de integrar a Irlanda del Norte en su territorio y Londres establecía que Irlanda del Norte carecía de un "interés estratégico" para el Reino Unido. Eso significa que el Acuerdo de Viernes Santo deja en manos de los norirlandeses la decisión sobre su propio futuro, algo que defendemos y coincide con los principios y valores de la Unión Europea.

Los resultados de la consulta sobre los Acuerdos en toda la isla, la primera que se celebró simultáneamente desde 1918 a ambos lados de la frontera, obtuvieron un respaldo total del 85% del electorado. "Nos acercamos al nuevo milenio con esperanza y optimismo de que hemos superado las divisiones del pasado", señaló Ahern tras los acuerdos refrendados. Un veredicto que para Ahern representaron "no solo una fuerza política, sino una fuerza moral", porque "no hay mayor fuente de autoridad y legitimidad que la voz colectiva que el pueblo acaba de expresar", interpretó el taosieach.

En efecto, los Acuerdos de Stormont tienen un valor político y metodológico indudable. En tanto que europeos, tenemos la obligación, por lo tanto, de preservar, proteger y garantizar la paz en Irlanda del Norte.

En este sentido, el Reino Unido debe actuar de buena fe y asumir plenamente los acuerdos que ha firmado en el proceso del Brexit, como el Protocolo sobre Irlanda del Acuerdo de Retirada de la UE, eludiendo adoptar decisiones que pongan en peligro el proceso de paz. La UE debe asumir su responsabilidad y actuar con determinación en tanto que guardiana del Acuerdo de Viernes Santo, sin esperar a que Estados Unidos se convierta nuevamente en el único impulsor del proceso. Y, finalmente, es necesario exigir el cese las graves tensiones y que los partidos representados en la Asamblea de Irlanda del Norte, ante esta delicada y sensible situación, dialoguen, porque la violencia nunca debe sustituir al diálogo.

El autor es senador de EAJ-PNV

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