Verano de olas de calor, incendios e inundaciones

07.09.2021 | 00:46

los fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, incendios e inundaciones son cada vez más habituales y virulentos, que se multiplican como consecuencia del calentamiento global. Así lo ha dejado patente la Organización Mundial de Meteorología (OMM), en un informe reciente que detalla cómo la crisis climática ha quintuplicado el número de episodios catastróficos.

Este mismo verano se han dejado ver las evidencias del informe con un mapa mundial plagado de incendios, inundaciones y récords de temperaturas en algunas de las regiones más gélidas del planeta. Aunque la OMM asegura que los avances en prevención e información ciudadana han conseguido reducir el número de muertes asociadas a emergencias climáticas, las pérdidas humanas siguen siendo dramáticas. El ejemplo de la ola de calor que azotó a finales de junio a Canadá y algunas regiones del noroeste de EEUU es esclarecedor: cerca de 50 grados de máximas que dejaron más de 200 muertes prematuras.

La tendencia de veranos cada vez más tórridos ha dejado más registros preocupantes en Italia, en Turquía... y en la península Ibérica también se registraron valores históricos. Fue en Montoro (Córdoba) donde los termómetros alcanzaron el pasado 15 de agosto un máximo histórico de 47,4º C, lo que superaba la cifra más alta registrada hasta entonces: 47,3ºC en 2017.

Por otra parte, el fuego arrasó 160.000 hectáreas en Turquía en tan sólo 12 días. Según los registros del Servicio Europeo de Información de Incendios Forestales, el área que se había reducido a cenizas multiplicaba por cuatro los registros habituales en temporadas de incendios. Cerca de allí, las llamas devoraron la isla griega de Eubea con más de quinientos focos activos que afectaron a más de 50.000 hectáreas. En el Estado español, el verano también ha estado marcado por las llamas y el humo. Ha sido Ávila la región que más daños ha registrado, con un foco que se inició en el pueblo de Navalacruz y que se fue extendiendo por toda la sierra de Gredos, afectando a más de 22.000 hectáreas. Es el mayor que se ha registrado en el estado durante el periodo estival, que coincidió con una ola de calor que dejó prácticamente a toda la península Ibérica con temperaturas extremas. Los vínculos de los incendios con la crisis climática son cada vez más evidentes. Si bien el número de focos se ha reducido drásticamente en los últimos años –un 34% en el Estado español–, los superincendios –aquellos que afectan a más de 500 hectáreas– han crecido hasta un 12% en lo que va de década.

En mitad del calor llegó la lluvia. La emergencia climática ha evidenciado también sus consecuencias más devastadoras a través de fenómenos pluviales que han desembocado en graves inundaciones en Centroeuropa durante la tercera semana de julio. Según las autoridades belgas y alemanas, las riadas dejaron cerca de 200 muertos. Si bien las fuertes lluvias –vinculadas a los efectos de la crisis climática– fueron determinantes en la evolución de esta catástrofe, el desarrollo urbano fue crucial y magnificó aún más las pérdidas humanas y materiales, pues la mayor parte de los daños se concentraron en llanuras de inundación de ríos donde se habían construido viviendas que fueron arrasadas por las crecidas.

Algo similar ha ocurrido en la primera semana de septiembre en el Estado español. Los efectos de la DANA han dejado numerosas localidades cubiertas por el agua. Los destrozos, sin embargo, han estado condicionados un año más por el modelo urbano existente y las construcciones en cauces de ríos y arroyos. Tudela llegó a registrar hasta 63,4 litros por metro cuadrado en tan sólo una hora, que supone el mayor dato desde que comenzaron los registros hace 32 años, y que anegaron calles y provocaron numerosos destrozos. Todavía está reciente la tormenta que hace dos años se cebó con Tafalla y otros municipios, que todavía fue peor.

Las previsiones a futuro tal y como señalan distintos estudios, apuntan a que irán aumentando. Es lo que llama el proceso de "mediterraneización" del clima en la península, que se traduce en temperaturas cada vez más cálidas y precipitaciones muy intensas de corta duración. En Navarra iremos olvidándonos del modelo de precipitación suave y prolongado al que estamos acostumbrados hasta hace un tiempo, y habrá más sequías y tormentas.

Entretanto, el Gobierno de Navarra ha aprobado el proyecto de Cambio Climático, que tiene algunas cuestiones positivas, aunque también aspectos muy cuestionables. En primer lugar, habría que decir que el anteproyecto se sometió a exposición pública en tan solo 15 días, un plazo de tiempo muy exiguo. En segundo lugar, se ha presentado como un texto ambicioso y en la línea con los objetivos europeos. Sin embargo, mientras para la UE se trata de conseguir para 2030 una reducción del 55% de los gases de efecto invernadero y de cero emisiones para 2050 en relación con 1990, la Hoja de Ruta de Cambio Climático del Gobierno de Navarra plantea una reducción de emisiones del 45% para 2030 (+26% respecto a 1990) y un 80% para 2050 con respecto al año 2005, previsiones que están muy por debajo de los actuales objetivos europeos, y aún más de las advertencias científicas. En tercer lugar, del análisis del proyecto, apenas se vislumbran medidas que cuestionen de raíz la apuesta por las grandes infraestructuras con serios impactos en el territorio, en los ecosistemas, en la biodiversidad, en la salud y en la alimentación, como es el caso de los polígonos eólicos y solares, entre otras muchas más infraestructuras, cuyo suelo agrícola está en peligro. En este sentido, la piedra angular de la lucha contra el cambio climático y la transición energética ha de residir en una reducción drástica del consumo de energía, y, por supuesto, en las energías renovables, pero no en la forma en que se quieren realizar muchos proyectos, a prisa y corriendo y con muy poca información y planificación. Por ello, desde distintas plataformas, asociaciones, organizaciones ecologistas y sociales vemos necesario una moratoria en relación con los proyectos renovables presentados.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente

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