Rememorando el España-Navarra
Coloco en primer lugar España, porque esta siempre juega en casa. Hoy, recordando el asesinato sin esclarecer de Germán y otros hago este recorrido histórico de lo que Navarra puede esperar recibir de la España de hoy y hacer también una crítica a la administración que España ha llevado en cuestiones intocables como la militar, dado que sus actuaciones mayores han sido “nacionales” por emplear el término incorrecto de una policía que se denominó anteriormente “armada” aunque no llegaba a la que hoy que se denomina Nacional. Ese Estado que dista mucho de ser el paraíso “nacional”, palabra que recreó el caudillo y trata de imbuir su término al ciudadano de a pie, aunque hoy ese ciudadano vaya a su trabajo en coche.
Desde pequeño me llamó la atención del rigor histórico que se empleaba en las victorias de honor que el ejército español alcanzaba y que nunca las he comprendido. La “unión” de Navarra a Castilla en las Cortes castellanas de Burgos de 1515 y que Fernando donó dicho reino a su hija Juana según se describe en ellas por lo que me extraño de la visión futra del rey Fernando ya que la conquista duró 12 años de extorsiones y muertes hasta su conquista (1512-1524), lo que me hace pensar que España fue siempre producto de una guerra sin límites. Las matanzas ocurridas en las tomas de la América se hacían sin escrúpulos puesto que los indígenas carecían de alma. Las posteriores guerras me confirmaron que España se recreó en un Estado militar. Las luchas que mantuvo en Europa fueron múltiples y el ejército español pretendió conquistar los Países Bajos, en contra Francia en toda época. Perdió Gibraltar en una de tantas contra Inglaterra y sin olvidar las de las colonias de África, donde aún quedan residuos de las situaciones dadas sin haberlas concluido.
Las dinastías de reyes llevaron a enfrentamientos sin cuento ni razón. En 1703 entró por Cataluña un Borbón francés a renovar la dinastía (aunque era de la misma sangre de la que estaba) y Navarra fue obligada a defender el principado la a pesar de que no tenía ejército y hubo de reclutarlo desdeñando sus propias leyes a favor de la unidad de la monarquía (¿?) y acudir a defenderla. Al comenzar el siglo XIX y a falta de otros motivos que los del reino de España, el virrey dio a Navarra el territorio de costa hondarribitarra para embarcar a Navarra en la guerra producida por las disensiones existentes y que se trataron de solventar en una Constitución hecha en Baiona (1808), luego anulada por la réplica de Cádiz (1812) y que el rey Fernando VII se levantó contra ella (1814) y hubo enfrentamientos a lo largo de la década que siguió.
Vuelta de nuevo a combatir en 1833, en lo que se llamó la 1ª Guerra Carlista, sin que se diera cuenta ni recuento de las bajas de los paisanos alistados forzosamente y como voluntarios engañados. En 1838 se firmó la “Paz de Bergara”. En ella se reconoció a los militares rendidos del campo carlista los mismos cargos y honores que a los vencedores y con los mismos, además de las categorías, derechos y jubilaciones dentro el ejército.
Sobre los voluntarios y forzosos alistados que se acumularon en esos años y de heridos y muertos en combates, no hubo ni un recuerdo para ellos a pesar de que cubrieron las vanguardias. Mientras tanto sus pueblos hubieron de suscribir las obligaciones que impuso el Estado de “deuda perpetua” y que, como se dice, no se pagó nunca.
Cuando Navarra se manifestó en un llamamiento público el año 1893 con las firmas de la práctica totalidad de los vecinos de los pueblos, con una proclama para que los presupuestos de Navarra siguieran realizándose aparte como se realizaban, sin incluirlos en los del Estado, se engañó a los navarros por su propia Diputación, que habló de victoria por la caída de Gamazo, cuando este fue destituido por no haber sabido imponer los presupuestos de Navarra en los del Estado sin escándalo.
Sin entrar a juzgar la posición de la Diputación, porque engañó a toda la Navarra que se manifestó en Pamplona al ocultar que los presupuestos de Navarra pasaron a elaborarse dentro de los del Estado, hay que decir que esperando acontecimientos futuros se hallaba todo un regimiento de soldados procedentes de Burgos, armados y acuartelados, a la espera de acontecimientos (supongo que hinchados de vino) para dar estopa y balas y con las armas preparados, por lo que Diputación hubo de recurrir a amansar la manifestación aludiendo a que Gamazo había sido destituido. Lo que no explicaron los diputados fue que no fue destituido por poner en los presupuestos la cuentas, sino porque no supo aplicarlas y consecuentemente las cuentas de Navarra fueron coordinadas dentro de los presupuestos del Estado.
Luego se vivieron los Convenios económicos (1925, 1941 y 1969) que ya hemos comentado otras veces y fueron un trágala si puedes. Pero, ¿qué han dejado tras de sí las dos dictaduras? Pues un silencio sobre las mismas y sus hechos ambas amparadas por monarquías que solo pueden alardear de corruptas. Al presente se reclama la apertura de los expedientes de los sucesos que pueden ser valorados como crímenes de Estado y como los muertos del 3 de marzo en Vitoria, de Germán Rodríguez en Iruña en los San Fermines de hace 45 años, y el de Zabalza que se ahogo al torturarlo. Que nadie espere ninguna voluntad de abrir unos expedientes cerrados sobre los crímenes franquistas que se piden ahora, puesto que ni el árbitro ni los linieres están por quitar puntos al equipo de España.