Un enfoque integral para el Bienestar Mental
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha designado para el 10 de octubre el Día Mundial de la Salud Mental, el lema de las emergencias mundiales, un asunto de creciente relevancia en nuestra sociedad actual. Sin embargo, para el movimiento asociativo de la salud mental, el lema que mejor resuena es Compartimos vulnerabilidad, defendamos nuestra salud mental.
La aparente dualidad de estos enfoques desaparece cuando comprendemos que la atención a las emergencias mundiales y la defensa de nuestra vulnerabilidad son dos caras de la misma moneda. No podemos esperar un bienestar personal sin construir un entorno social y global que nos proteja, nos apoye y reconozca nuestra vulnerabilidad ante las crisis.
No se puede hablar de bienestar sin reconocer y abordar las profundas vulnerabilidades que nos afectan a nivel individual y social. Los desastres naturales, los conflictos bélicos, la aberración del genocidio en Gaza... no son eventos lejanos; sus efectos devastadores se infiltran en nuestras vidas, afectando profundamente nuestro bienestar psicológico. Esta realidad nos enseña que la vulnerabilidad es un concepto clave en la salud mental, ya que determina cómo enfrentamos y respondemos al estrés y a las situaciones adversas.
El paradigma de la vulnerabilidad nos muestra que la suma de factores individuales (antecedentes de problemas de salud, baja resiliencia), sociales (desempleo, discriminación, pobreza infantil) y contextuales (pandemias, guerras) moldean nuestra salud mental. Un ambiente social, por muy cohesionado que se pretenda, no puede compensar la carga de estas vulnerabilidades si no se abordan en su raíz.
Por ello, el abordaje de la salud mental requiere un cambio de paradigma que se centre no solo en el síntoma, sino en los determinantes sociales que influyen en nuestro malestar. Una persona con dificultades económicas o sobrecarga de cuidados no puede prosperar si estas realidades no son reconocidas y, en la medida de lo posible, mitigadas.
Un enfoque verdaderamente integral en la promoción de la salud mental debe:
-Promover una cultura de cuidado que valore los factores psicosociales, como el apoyo social y la creación de oportunidades de empleo para personas con dificultades.
-Ampliar el acceso a servicios de salud mental en la sanidad pública, reconociendo que la ayuda de los profesionales es vital, pero insuficiente si no se transforman las causas del sufrimiento.
-Implementar políticas de prevención centradas en la población infanto-juvenil para combatir el estigma y los estereotipos asociados a los problemas de salud mental desde una edad temprana.
-Sensibilizar a la sociedad a través de campañas y la colaboración con los medios de comunicación para que ofrezcan una imagen real y adecuada de las personas que viven con problemas de salud mental.
-Garantizar la intervención en tragedias y desastres, no solo inmediata, sino también sostenida, con un acompañamiento que ayude a paliar las necesidades crónicas y el sufrimiento.
La Salud Mental es responsabilidad de todos. Más allá de la intervención sanitaria y la corresponsabilidad de usuarios y usuarias en el tratamiento y en el uso de recursos, es precisa la acción del conjunto de las instituciones y la sociedad civil, todos y todas en la construcción de una sociedad más sana, solidaria y resiliente.
La autora es directora de Salud Mental del Gobierno de Navarra