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‘Las fuerzas que mueven el mundo’

‘Las fuerzas que mueven el mundo’El Orden Mundial

“Las fuerzas que mueven el mundo” es el título del último trabajo realizado por el grupo denominado El Orden Mundial, que es un medio de análisis internacional privado e independiente que tiene como misión elaborar contenido divulgativo de calidad, y que puede tener un especial interés en los convulsos tiempos actuales.

Ofrece una interpretación sintética de cómo economías, tecnologías, geopolítica, conflictos, medio ambiente y cambios sociales interactúan para modelar un mundo interconectado, cambiante y en tensión.

El libro aborda varias fuerzas que, según sus autores, modelan el presente y condicionan el futuro. Entre las más destacadas están:

Transformaciones geopolíticas tras la Guerra Fría

Uno de los puntos de partida es la caída del Muro de Berlín y la desintegración del bloque socialista, que desencadenaron una redefinición del orden internacional. A partir de allí se han reconfigurado alianzas, estrategias y esferas de influencia, dando lugar a un mundo más fragmentado y multipolar, con un recorrido geopolítico que va desde la hegemonía occidental unipolar hasta un orden global en transición.

Las nuevas potencias y el equilibrio global

Este análisis se centra en la transformación del sistema internacional a medida que emergen nuevas potencias y se debilita la idea de un mundo regido por un único centro de poder. Tras la Guerra Fría, la hegemonía de Estados Unidos pareció incontestable, pero la evolución del siglo XXI ha demostrado que aquel momento unipolar fue una excepción histórica y hoy avanzamos hacia un escenario multipolar en el que varios actores –con intereses, visiones y capacidades diferentes– compiten por su influencia en el mundo.

El caso más destacado es el ascenso de China, cuya combinación de crecimiento económico, expansión tecnológica y fortalecimiento militar ha modificado profundamente el equilibrio global. Su red de inversiones y su presencia diplomática se extienden por todo el mundo, apoyada en iniciativas como los grandes corredores comerciales. Este ascenso ha generado tensiones crecientes con Estados Unidos, que busca mantener su liderazgo mediante alianzas, contención estratégica y control de industrias clave.

Junto a China, India aparece como un gigante emergente que, impulsado por su demografía y su dinamismo tecnológico, busca un papel más relevante. Su posición intermedia entre Occidente y Asia le permite jugar con mayor autonomía.

Rusia ocupa un lugar particular ya que, aunque su poder económico es más limitado, mantiene una notable capacidad militar y energética que le permite influir en su entorno y desafiar el orden internacional en momentos clave. Su estrategia se orienta a conservar áreas de influencia y a contrapesar a Occidente mediante asociaciones alternativas.

Todos estos movimientos convergen en un escenario dominado por la competencia tecnológica. La lucha por el control de los chips, la inteligencia artificial o las infraestructuras digitales definen el nuevo campo de batalla del poder mundial. La geopolítica ya no se explica solo por territorios o ejércitos, sino también por la capacidad de innovar, producir y asegurar cadenas de suministro estratégicas.

En conjunto, se deduce que el mundo actual es más complejo y fragmentado: múltiples centros de poder interactúan, compiten y se observan con recelo, dando forma a un orden global inestable y en evolución constante.

Transformaciones tecnológicas y revoluciones digitales

El análisis incorpora también los efectos de la revolución tecnológica contemporánea: digitalización, avances en comunicaciones, cambios en la producción, globalización tecnológica, etcétera. Este vector tecnológico se entrelaza con los anteriores –potencia económica, geopolítica, comercio– y actúa como motor de disrupción global.

Auge del populismo, cambios sociales y crisis de modelos tradicionales

Otra fuerza que recorre el análisis es el resurgimiento del populismo, la crisis de los modelos políticos y sociales establecidos, y la inestabilidad de las estructuras tradicionales que habían predominado en los últimos decenios. Los autores destacan cómo estos fenómenos afectan la estabilidad interna de los países, la gobernanza internacional y las dinámicas de poder.

Retos globales: cambio climático, desigualdades y disputa por recursos

El libro también recuerda desafíos globales contemporáneos: crisis climática, desigualdades regionales, competencia por recursos naturales, tensiones ambientales, etcétera. Estas fuerzas no son puramente políticas o económicas: implican cuestiones existenciales que afectan a la humanidad en su conjunto.

Los recursos, la energía y las nuevas disputas globales

Otro capítulo aborda otro motor fundamental de la política internacional: la lucha por los recursos. A medida que el mundo crece en población, urbanización y demanda tecnológica, los materiales necesarios para sostener la economía global adquieren una importancia crítica. El acceso a energía, minerales, agua y alimentos se convierte en un factor determinante para la estabilidad.

La transición energética ocupa un lugar central en el análisis. Aunque se presenta como una vía hacia un futuro más sostenible, también está generando nuevas dependencias. Los países necesitan enormes volúmenes de minerales como litio, cobalto o tierras raras para producir baterías, coches eléctricos o paneles solares. El problema es que su extracción y procesamiento están muy concentrados en pocas zonas del mundo, lo que abre la puerta a tensiones, monopolios y maniobras geopolíticas.

El petróleo y el gas, lejos de perder relevancia inmediata, siguen siendo pilares fundamentales de la economía global. Las potencias productoras continúan ejerciendo una enorme influencia: su capacidad para alterar precios, controlar rutas marítimas o asegurarse mercados estratégicos define muchos conflictos y alianzas actuales. Se resalta cómo la volatilidad energética sigue generando incertidumbre e incluso crisis políticas en distintos puntos del planeta.

El agua y los alimentos se presentan como recursos cada vez más vulnerables. El cambio climático, la mala gestión y el crecimiento demográfico provocan sequías, escasez y tensiones sociales. El estrés ambiental, combinado con pobreza y desigualdad, alimenta migraciones y conflictos locales que pueden desbordar las fronteras.

Finalmente, el texto explora zonas emergentes de disputa, como el Ártico, donde el deshielo abre nuevas rutas y revela recursos antes inaccesibles. También analiza la importancia estratégica de infraestructuras globales –cables submarinos, puertos, oleoductos– cuya protección y control se han convertido en objetivos militares y tecnológicos.

El mensaje es claro: la competencia por recursos no desaparece, se transforma y nuevos materiales, nuevas rutas y nuevas dependencias reconfiguran las disputas del siglo XXI, manteniendo a los recursos en el centro de la geopolítica global.

Es claro, por otro lado, que en todos los aspectos enunciados la posición europea es de una relativa debilidad y, en ese contexto, la posibilidad de que el Estado español sea un agente relevante es altamente improbable. No digamos nada de nuestra capacidad de tener una influencia significativa en estos cambios globales. Así las cosas, quizás convenga recordar el símil de un erudito antropólogo vasco, que comparaba la cultura vasca con un cuenco que da forma a los líquidos que en él se vierten.

Esto es, que nuestro reto quizás no sea influir sobre una realidad que se nos impone sino tratar de adaptarnos a la misma, teniendo en cuenta tanto la ética como el realismo, de forma que la sociedad vasca pueda sobrevivir con unas características diferenciales como lo ha conseguido a lo largo de la historia. Y para ello será necesario que, por encima de los legítimos intereses de los distintos grupos sociales, no olvidemos el mensaje de Arizmendiarrieta, que predicaba –y practicaba– que las necesidades de la comunidad tienen prioridad sobre los intereses parciales, por legítimos que éstos sean.

El autor es presidente de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa y socio colaborador de Laboral Kutxa