La industria en Navarra representa el 32% de la economía, la más alta de todas las CCAA y, sin duda, de las más altas de Europa (EOM). Además, hemos mantenido ese porcentaje con ligeros vaivenes las últimas tres décadas. La media de la UE en 2025 es del 20,7% (Eurostat). Ningún Estado miembro se acerca al 30%.

Los presidentes de los Estados miembros se juntan en un palacio en Bélgica y debaten sobre la competitividad de la industria europea… sin demasiadas conclusiones a la vista. La Comisión anuncia para el próximo 25 de febrero la publicación del borrador del Industrial Accelerator Act, una nueva oportunidad para iniciar un proceso de reindustrializar la UE. El borrador filtrado hace un mes da pasos en este sentido, pero, a mi juicio, con escasa ambición.

La competitividad industrial está basada en muchos factores, entre ellos por supuesto la apuesta por la innovación, mejora de capacitación, entorno regulatorio estable, agilidad administrativa y un buen número de factores. Pero está claro que, sin manufactura, no habrá competitividad. Voy a ir directo al grano: si BSH deja de fabricar frigoríficos en Navarra, no tendremos capacidad de apostar por la innovación y el desarrollo de tecnología de bombas de calor en este sector. Si Tubos Reunidos deja de fabricar productos tubulares, no tendremos proyectos de I+D+i que sirvan para mejorar aleaciones de acero, porque, simplemente, no tendremos industria que lo aplique. En otras palabras, por mucho que invirtamos en I+D+i, si no hay manufactura, el sistema se nos cae. Nos lo dice la metodología de la Estrategia de Especialización Inteligente: para que un sector sea sólido hacen falta la capacitación y tecnología (FP, universidades y centros tecnológicos), una administración alineada e industria. Sin industria, no hay “triple hélice”.

Y ya que hablamos de hélices, hablemos del sector industrial eólico. Reclamamos a la Comisión Europea una mayor ambición en cuanto al “contenido local”, o, dicho de otra manera, al KM 0 industrial. En India, EEUU o Brasil, cualquier promotor que quiera instalar parques eólicos tendrá que demostrar que ciertos componentes esenciales de cada aerogenerador se han fabricado en ese país, es decir, que no puede importarlo (véase informe Draghi). No hablo de cualquier componente, hablo de las palas, la nacelle o la torre. En Europa no exigimos nada de nada, es decir, podemos importar aerogeneradores fabricados íntegramente en otro continente. Por cierto, China adoptó este tipo de medidas de “contenido local” cuando su industria era débil y ya no le hace falta. El borrador del Industrial Accelerator Act filtrado da pasos, pero insuficientes, porque se queda muy lejos de lo que el resto del mundo está haciendo para proteger su industria. De la mano del clúster de energías renovables, Enercluster, llevamos tiempo trabajando con otros 16 gobiernos de toda la UE este tema en Bruselas.

No se trata de enfrentarse con nadie, sino de adoptar medidas equivalentes que muchos países que hace 20 años estaban en desarrollo, adoptaron. De hecho, no adoptar medidas del tipo “contenido local” desincentiva la posible inversión en Europa. ¿Qué sentido tiene para una empresa china invertir y abrir una planta de producción en Europa si le sale más barato exportar sus productos?

No solo la política ha cambiado en el mundo. La economía no tiene nada que ver con lo que era antes de la pandemia. En Centro Europa, especialmente en Alemania, vivimos un “tsunami de despidos” (VW, Bosch, Krupp, ZF, Continental…). China se ha consolidado como la fábrica del mundo. Copa más de la mitad de producción de acero del mundo, cerca del 32% de la fabricación de máquina herramienta global, en torno a un 40% del total de electrodomésticos del mundo (más que EEUU, Alemania, Japón, Corea o Italia juntos), el 45% de químicos básicos y petroquímicos, etcétera. Lo mismo sucede con la industria renovable o el sector del automóvil, donde China ya fabrica más coches que EEUU y toda la UE juntos. En resumen, el dogma de que los mercados tienden al equilibrio y que la competencia elimina a las empresas ineficientes no está funcionando en una Europa y EEUU que con su arrogancia a finales del XX e inicios del XXI, creyeron que lo importante era solo el conocimiento y la innovación, mientras que la manufactura era de poco valor añadido. Así, diferentes países asiáticos defendieron su industria con normativa de “contenido local”, aprendieron a producir en el mundo capitalista, empezaron a forjar su triple hélice forjando universidades de élite, formando, creando centros tecnológicos y convirtiéndose en líderes industriales. Antes del plan Made in China de 2015, China lideraba sólo 3 de las 64 “tecnologías críticas”… según un estudio del ASPI, en 2025 ya lidera 57.

En Navarra tenemos un dato de inversión en I+D que supera la media de la UE (2,34%) y somos una “región innovadora fuerte” según la Comisión Europea. Creemos y apostamos por la innovación en nuestros sectores, fomentando el ecosistema basado en esa triple hélice. La competitividad se basa en que las reglas de juego sean iguales para todo el mundo, y no está siendo así. Lo dramático es que hay muchos gobernantes y académicos que siguen creyendo que vivimos con las claves de 2005. ¿Alguien cree que en China, EEUU o India son tan escrupulosos con las políticas de competencia como nosotros? Y me refiero, por ejemplo, a las ayudas de Estado y subvenciones directas a las empresas. En Europa necesitamos proteger nuestra manufactura a corto plazo, como lo hacen todos, y seguir apostando por una mayor inversión en la doble transición, que traccione la actual transformación.

A quien no convenza lo anterior, invito a que se siente delante de una persona trabajadora a la que le acaban de anunciar el cierre de su empresa porque no puede competir con una empresa de Asia porque no jugamos con las mismas reglas. No es culpa de Asia, nosotros, los europeos, somos responsables por no saber adaptarnos al siglo XXI.

El autor es doctor en Derecho europeo y consejero de Industria del Gobierno de Navarra