Síguenos en redes sociales:

Tribunas

Ante la guerra y el fascismo, más feminismo

Ante la guerra y el fascismo, más feminismoUnai Beroiz

Cada 8 de marzo, las calles se tiñen de morado no solo para celebrar, sino para recordar que la igualdad sigue siendo una asignatura pendiente. Pero este 2026 no es un año cualquiera. Volvemos a la convocatoria del Día Internacional de la Mujer Trabajadora con la certeza de que el feminismo ha dejado de ser una opción para convertirse en la única herramienta viable de supervivencia colectiva.

El contexto internacional nos obliga a mirar de frente una realidad devastadora. El feminismo es, ante todo, defensa de la vida. Y la vida está siendo amenazada por una agresión imperialista sin precedentes. Mientras se perpetúa el genocidio palestino con la complicidad de occidente, y se suceden los secuestros institucionales y amenazas a pueblos soberanos como Venezuela, Cuba o Colombia, las mujeres entendemos que la guerra es la máxima expresión del patriarcado. No se puede hablar de paz si hay bombas cayendo en Gaza, en Ucrania, en Yemen o en el Sahel. La paz feminista no es solo la ausencia de fuego, es la presencia de justicia.

Sin embargo, bajar la mirada del mapa global al suelo que pisamos no alivia la urgencia. La paz también se construye en los barrios, en los hogares y en los centros de trabajo. Vivir en paz significa vivir sin miedo a la violencia machista, sin la angustia del desahucio y sin la precariedad que nos impide proyectar un futuro.

Es imposible sostener la vida cuando la organización de los cuidados sigue siendo una trampa patriarcal y capitalista. Seguimos denunciando que la sostenibilidad de la existencia recae gratuitamente sobre las espaldas de las mujeres. Y cuando esos cuidados se mercantilizan, lo hacen bajo condiciones de explotación que cruzan desigualdades de género, etnia y clase. Del mismo modo, la especulación inmobiliaria y los fondos buitre continúan desprotegiendo a las víctimas de violencia de género, empujándolas a la calle tras haber sufrido el maltrato en casa. El sistema falla a las más vulnerables; por eso exigimos acelerar la agenda feminista ya.

Frente a este panorama, la reacción de la extrema derecha es intentar silenciarnos. El neofascismo nos señala como enemigas porque sabe que nuestra sororidad es un obstáculo para sus planes de control. No han olvidado, ni nosotras tampoco, cómo el franquismo utilizó el Patronato de Protección a la Mujer para controlar nuestros cuerpos y nuestras vidas. Hoy, sus herederos políticos pretenden volver a esos tiempos oscuros, ignorando que la memoria colectiva del feminismo es el antídoto contra el olvido.

Nos quieren calladas, sumisas y divididas. Pero la historia nos ha enseñado que cuando tocan a una, nos tocan a todas. La rabia que sentimos ante las guerras devastadoras y la violencia cotidiana no nos paraliza; nos organiza. Transformamos el dolor en lucha y la memoria en fuerza.

Este 8 de marzo, la conclusión es clara e ineludible. Ante el auge del fascismo, más feminismo. Ante la barbarie de la guerra, más feminismo. Ante la desigualdad estructural, más feminismo. No nos conformamos con los derechos conquistados, vamos a por más. Porque en un mundo que destruye vidas y planeta, el feminismo no es solo una lucha de mujeres: es la única respuesta posible para salvarnos a todas y todos.

Responsable de la red feminista de Izquierda Unida de Navarra y responsable de organización de Izquierda Unida de Navarra, respectivamente