Los primeros escudos heráldicos, nobiliarios o si se prefiere de armas, tienen sus inicios en el siglo XII, concretamente en torno a los años 1120 y 1140. En ellos los reyes y también señores o nobles buscaron colorear los escudos para diferenciarse con ello del resto. Los escudos llevaban incorporados blocas y/o refuerzos de metal, que protegían la superficie exterior del escudo ante los golpes de lanzas, espadas, mazas y hachas, con la única función de que los escudos no se descompusieran, ya que los escudos medievales no estaban fabricados inicialmente con metal, sino que eran elaborados con listones de madera que las blocas aseguraban. Por ello, son las armas más antiguas aquellas que son plenas al poseer solo un color. Tan habituales eran las blocas en los escudos medievales, que estas han sido el mecanismo que ha determinado los posteriores fraccionamientos que hoy podemos apreciar en los escudos o blasones. Concretamente, las primeras armas de Nabarra son de gules o rojo pleno y datan de tiempos de Sancho VI el Sabio (1150-1194). Las armas de Nabarra solían representarse con blocas superpuestas, estando las blocas formadas por ocho brazos flordelisados con el carbunclo en el centro, de manera que contribuían a reforzar el escudo rojo de Nabarra. Así está detallado en uno de los relieves situados junto a la portada de la iglesia de San Miguel Arcángel en Lizarra-Estella. Estas representaciones no son consideradas, por la mayoría de los heraldistas nabarros y del resto del mundo, específicas para las armas de Nabarra, ya que las blocas no son muebles heráldicos sino, como hemos dicho, son refuerzos del escudo; pero también debemos saber que aparece así en la Biblia ilustrada editada en el año 1197 tras petición o mandato de Sancho VII el Fuerte (1194-1234). Las armas personales que portó el sucesor nabarro de el Sabio, Sancho VII el Fuerte, era un águila de sable o negro en fondo de gules o rojo, si bien, algunos heraldistas españolas afirman que el fondo era de plata o blanco, mientras que posteriores interpretaciones realizadas desde el nacionalismo vasco de mediados del siglo XX, afirman que el águila de sable estaba sobre fondo de oro o amarillo. Al acabar con este rey la dinastía vascona de la casa Jimena, el siguiente rey ya de la casa de Champaña, Teobaldo I el Trovador (1234-1253) buscó las armas más antiguas de Nabarra para diferenciarlas de las que poseía por sus condados de Champaña y Brie ante la petición de las Cortes nabarras. Por ello retrocedió hasta los tiempos de Sancho VI de Nabarra cogiendo sus armas, pero añadiéndoles lo que dilucidó como parte de las armerías, es decir, el carbunclo y las blocas sobre el escudo. Concretamente el carbunclo tomó forma de trébol de cuatro hojas, incluso en alguna otra representación tiene forma de flor de lis, y con las blocas, los ocho brazos o barretas, que perdieron sus flordelisados y se cerraron, algo que podemos admirar al contemplar los escudos de Nabarra grabados y posteriormente pintados en diversas columnas de la Catedral de Tutera-Tudela. Este y no otro, es el origen verdadero del escudo del Estado de Nabarra. Conforme van transcurriendo los tiempos, el mismo rey o quizás alguno de sus sucesores de la misma casa nobiliaria, añadió los besantes o pomas en los brazos de una manera siempre homogénea y simétrica, algo que podemos observar en los escudos labrados en la fachada exterior del convento de Santo Domingo de Lizarra-Estella. La representación heráldica de las cadenas ganadas en las Navas de Tolosa fue posterior a lo expuesto anteriormente, concretamente en torno a mediados del siglo XV… pero esa ya es otra historia.
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