¿Dónde se pone el foco en la enseñanza pública?
¿Qué entienden por prioritario y principal los que legislan, gestionan y enseñan en una escuela pública? ¿Quién es el sujeto principal sobre el que gira todo en la educación pública?
Escribo esta carta espoleado por estas preguntas que las veía venir, las intuía y las intentaba ignorar durante los dos o tres últimos años de educación pública de mi hijo. Pero la realidad y la tristeza de las respuestas que estoy recibiendo y sintiendo a estas preguntas me han asaltado como un negro tsunami. La teoría, los políticos, los gestores y los docentes responderían éstas cuestiones al unísono, mirándome con extrañeza por la osadía de mis preguntas y diciéndome que: “indudablemente el centro de todo son los niños y niñas, los alumnos y alumnas, no hay duda…”.
Mi realidad es otra, mi percepción es otra y varios hechos refrendan, a mi entender, éste triste sentimiento de que hay otros soles sobre los que gravitan y giran los consejeros, los políticos, los gestores y los docentes que, indudablemente, no son los niños y las niñas.
Durante los 5 años que mi hijo está en la escuela pública ha tenido un tutor o tutora cada año. Este curso 26/27, nos avisaron del cambio de tutor con un mail a las familias 24 horas antes de comenzar el curso. Iba a ser el primer año que iba a repetir el mismo tutor, pero esa tutoría se ha subdividido en tres, una tutora principal con el 50% de las horas (tiene contrato a media jornada), otro tutor con un 25% y otra con el restante 25%. Tres tutores este año, que sumados a los 4 de los años anteriores, suman 7 tutores en 5 años.
Entiendo que si la dirección del centro lo hace, es porque puede y porque la ley permite esta situación. Creo yo que lo correcto estaría en lo que la Ciencia de la Educación aconseja, los tres primeros años de Infantil (3-6 años) deberían haber tenido 1 tutor o tutora y los 6 años de Primaria, un mismo tutor cada dos años. Y, sobre todo, que en un curso sea un tutor, no tres tutores…
Soy consciente de que hay ciencia de la educación a la carta, donde un especialista dice una cosa y otro especialista la contraria, pero, en este aspecto, creo que hay un consenso importante y poco cuestionado, y se aconseja que los peques estén dos o tres años con el mismo referente para crear vínculo, estabilidad emocional y conocimiento mutuo.
Creo que si un docente se vincula a un curso debería estar un ciclo con ese grupo, dos o tres años, priorizando lo beneficioso para el alumnado frente a cualquier otra coyuntura o circunstancia de cualquier colectivo implicado en la educación pública.
Otro problema es que a partir de la votación que se celebró hace un par de años, nuestro centro tiene jornada partida, lo que lo hace un centro poco atractivo para los profesores, que, en cuanto pueden, se van a otro centro con jornada continua y poder irse a su casa a las 14.00, en lugar de a las 16.20, como lo tienen que hacer en el centro de mi hijo.
Esta votación, que podría verse como una fiesta de la democracia donde cada centro ha elegido si quiere continua o partida, se ha convertido en una pifia grande al permitir dos tipos de horarios diferentes en los centros educativos de Navarra, lo que conlleva una consecuencia perversa, me explico: ¿qué ocurre en la práctica teniendo dos modelos de jornada en Navarra? Pues que cada año, un porcentaje importante de los profesores de los centros con jornada partida se cambian a los centros con jornada continua y vienen nuevos docentes a los centros con jornada partida, que, a su vez, están pensando en volverse a marchar el año siguiente a algún otro centro con jornada Continua. Los centros menos atractivos sufrimos una cantidad de idas y venidas de profesorado mucho mayor que los centros con jornada continua, lo que impide crear vínculo, hacer escuela o tener un proyecto claro definido para varios años.
No voy a entrar en si es mejor un modelo u otro, como he indicado anteriormente, un pedagogo te dirá que continua y otro que partida, pero lo que tengo claro es que debería ser el mismo modelo y el mismo horario en toda la enseñanza pública en Navarra. De esta manera, la volatilidad y el porcentaje de profesores que van y vienen se reduciría bastante.
Sinceramente creo que el señor Gimeno se quitó un marrón de encima, no se quería mojar sobre si jornada partida o continua y delegó esta importante decisión en las familias, docentes y personal de cada centro, dejando activos los dos modelos en Navarra y haciendo un efecto llamada sobre los centros con continua en detrimento de los centros con jornada partida.
La última cuestión que me gustaría comentar es el tema del comedor, es quizá lo que más me enrabieta. No tenemos cocina in situ, nos trae la comida en termos una empresa multinacional de catering con la que ha habido muchas quejas. Como detalle, indicar que sustituyeron al cocinero jefe al mes de comenzar a dar el servicio porque no había por dónde coger esa comida y las quejas se multiplicaron. El protocolo de este servicio indica que la comida debe estar servida en el plato cuando los txikis entran al comedor. Desde que la sirven hasta que se la llevan a la boca el primer bocado, la comida está fría. Creo que sabrosa tampoco, pero fría, fijo que está fría.
Cuando le planteamos este problema a la medio tutora de mi hijo, no sabía ni de qué le estaba hablando, no sabía que había quejas del comedor, le pilló de sorpresa. Claro, esta tutora es recién llegada al centro y el año que viene ya no estará en esta escuela porque pide traslado a otra con mejores condiciones (con jornada continua…). La sensación de que la escuela de mi hijo sufre una disociación con el servicio de comedor es muy clara, es como si el comedor fuera algo ajeno, algo que no ocurre en el centro, un marrón que solo da quebraderos de cabeza, cuando, creo yo, debería ser parte integral de la educación de los pequeños. Tener una relación sana y amable con la comida desde temprana edad evita trastornos futuros.
Lo peor de todo es la falta de rasmia y la falta de ganas de cambiar o mejorar lo que se ve que no funciona dentro de la educación pública. La imagen de los interpelados en nuestras conversaciones y reuniones levantando los hombros diciendo eso de: “ya sabes, es la pública” dando a entender que hay muy poco que hacer con los problemas y las mejoras que creemos se deberían, al menos, plantear es lo que más me desanima y entristece.
Poner a los txikis en el centro, desarrollar políticas gravitando alrededor de ellos y priorizar su educación frente a otros intereses, es, como mínimo, digno de planteárselo en todos los estamentos y a todos los colectivos implicados en la enseñanza pública.