Educar para cooperar: una apuesta de futuro
¿Podríamos entender los últimos 125 años de la historia económica y social de Navarra sin el cooperativismo? ¿Podríamos comprender la Navarra de hoy sin este modelo? Y, más importante aún, ¿podríamos imaginar su futuro sin él? Seguramente, la respuesta es no.
El cooperativismo no es una realidad marginal ni una fórmula empresarial más. Es uno de los pilares sobre los que se ha construido el desarrollo de nuestra comunidad. Hablamos de un tejido formado por más de 1.600 cooperativas de ámbitos tan diversos como la industria, los servicios, la agroalimentación, la enseñanza, el consumo o la iniciativa social, cuyo peso económico equivale aproximadamente al 20% del PIB regional y cuya contribución al bienestar colectivo resulta incuestionable.
Pero más allá de las cifras, el cooperativismo representa una forma de entender la economía basada en la participación, la equidad y el arraigo al territorio. Un modelo que ha demostrado su capacidad para preservar empleo, generar cohesión social y afrontar los retos con una mirada a largo plazo.
Y, sin embargo, muchas veces no somos plenamente conscientes de hasta qué punto forma parte de nuestra vida cotidiana. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos rodeados de un ecosistema cooperativo formado por más de 150.000 personas aquí en Navarra. Por ejemplo, a la mañana compramos el pan en una panadería que es una cooperativa y bebemos una leche procedente de una cooperativa agroalimentaria que sobresale por el cuidado al medio ambiente y el ganado. Seguimos a la farmacia donde adquirimos medicamentos que recibe a través de una cooperativa farmacéutica; llevamos a nuestras hijas a un centro educativo también cooperativo, vamos a trabajar a una cooperativa de servicios y de camino pasamos junto a una cooperativa industrial puntera, plenamente competitiva dentro de su sector y que fabrica piezas para mercados tan estratégicos como el de las energías renovables o la automoción. Al salir, acudimos a una cooperativa de crédito a gestionar un reembolso, luego compramos en una cooperativa de consumo productos provenientes de cooperativas y así hasta terminar el día.
Es decir, sin apenas darnos cuenta, el cooperativismo está presente en cada momento de nuestra vida, sosteniendo actividad económica, generando empleo y contribuyendo al desarrollo equilibrado de nuestro territorio.
Por ello, en un contexto global marcado por la incertidumbre, la desigualdad y la necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles, el cooperativismo no solo sigue vigente, sino que se revela como una herramienta especialmente útil. Así lo reconoce la propia ONU, que destaca su papel en ámbitos como el desarrollo sostenible, la inclusión social o la erradicación de la pobreza.
Sin embargo, para garantizar su continuidad y su fortaleza futura, es imprescindible mirar hacia las nuevas generaciones. En este sentido, iniciativas como EdukaCoop están demostrando que es posible acercar el modelo cooperativo a la juventud de una manera pedagógica, práctica y transformadora. Gracias a este proyecto, vemos con ilusión y esperanza cómo nuevas generaciones se suman día a día a un ecosistema cooperativo en crecimiento en Navarra.
Estamos hablando de sembrar pensamiento crítico, de fomentar valores como la cooperación, la responsabilidad compartida o el compromiso con el entorno. En definitiva, de formar ciudadanía.
Llegados, por tanto, a este punto, el siguiente paso resulta evidente. Es necesario incorporar el modelo cooperativo a los planes de estudio de la Educación Secundaria, el Bachillerato y la Formación Profesional. No como un contenido anecdótico, sino como una herramienta educativa de primer orden. Porque no se trata solo de economía. Se trata de educación en principios y valores. Se trata de preparar a las nuevas generaciones para construir una sociedad mejor.
Desde ANEL, en ese sentido, creemos firmemente que incorporar el cooperativismo al sistema educativo “es de justicia ya que contribuye a construir una sociedad más igualitaria y diversa”. Promueve la equidad en la distribución de la riqueza, garantiza la participación democrática y favorece la inclusión de colectivos diversos. Fomenta, además, el respeto a la pluralidad, impulsa la cohesión social y genera empleo más justo y estable. En definitiva, hablamos de una herramienta clave para avanzar hacia una sociedad más justa, participativa y cohesionada.
El futuro de Navarra no se improvisa. Se construye. Y se levanta, en gran medida, desde la educación. Porque, como suelo decir, la empresa del futuro ya existe. Y es cooperativa.
El autor es director de RRHH en Tafalla Iron Foundry y presidente de ANEL