Euskal Herria y las guerras: polígono de tiro y mucho más
La guerra no es un fracaso del capitalismo: es una de sus consecuencias más rentables. Mientras millones de personas pierden la vida, el hogar o el futuro, unas pocas multiplican beneficios vendiendo armas, financiando reconstrucciones y convirtiendo la destrucción en motor económico. Las guerras no solo disputan territorios o recursos; sirven también para reactivar mercados agotados y sacrificar millones de vidas consideradas prescindibles para el engranaje del beneficio. Donde la mayoría ve tragedia, las élites económicas ven oportunidad.
Las guerras también empiezan aquí, en las empresas que trabajan para la industria militar. Retomemos la sana tradición antimilitarista de buena parte de nuestro pueblo y actuemos contra ello para no ser cómplices de la guerra.
En Euskal Herria existen alrededor de 300 fábricas cuya actividad está vinculada, en mayor o menor medida, a la industria militar y a la producción para la guerra. Y esto nos obliga a plantear una cuestión que rara vez se debate: no solo importan las condiciones laborales en nuestros centros de trabajo, también importa qué se produce en ellos. Porque fabricar armas y materiales destinados a alimentar conflictos y destruir vidas es incompatible con cualquier modelo social mínimamente digno.
Por eso, esa producción debe terminar. La prioridad debe ser la conversión de esas fábricas a actividades de utilidad civil y socialmente necesaria. Y allí donde esa conversión no sea posible, habrá que plantear el cierre. Todo ello con la intervención y la inversión pública necesarias para garantizar los puestos de trabajo y proteger a las trabajadoras y trabajadores durante el proceso. Se pueden discutir los plazos y las formas; no así el objetivo.
Lo que producimos aquí está contribuyendo al genocidio de Palestina. Desde ya, hay que terminar de aislar socialmente y sancionar económicamente a los diversos estamentos que colaboran con el estado genocida de Israel. Y cortar todo tipo de relación con el estado sionista y sus colaboradores: económica, política, deportiva, cultural…
En las Bardenas sigue funcionando un polígono de tiro militar desde el que se entrena para la guerra y para matar. Nunca debería haberse permitido. No hay justificación posible para mantener en nuestra tierra una infraestructura dedicada a preparar conflictos armados. Y junto a él, en Ablitas, continúa operando un aeródromo de uso también militar cuyo futuro debería ser el mismo que el de la industria armamentística: convertirse íntegramente para usos civiles o desaparecer.
El pasado 12 de mayo, el Parlamento navarro rechazó una moción que pedía no renovar el alquiler de las Bardenas como polígono de tiro y preparar un plan alternativo que redujera la dependencia económica de la Junta de Bardenas respecto al canon militar. Votaron en contra UPN, PP y VOX… y también el PSN, demostrando una vez más que, cuando se trata de facilitarle las cosas a la OTAN, las diferencias tienden a volverse invisibles. El PSN debe replantearse de una vez por todas su apoyo al polígono y apostar por el cierre.
Hemos de presionar al Gobierno español desde la calle y todas las instituciones –parlamentos, gobiernos, diputaciones y ayuntamientos– para salir de una vez por todas de la OTAN. Mediante posicionamientos claros y sin ambigüedades. El próximo 1 de junio podremos hacerlo en Iruñea en la concentración organizada por Euskal Herriko Eskubide Sozialen Karta dentro de la dinámica Su Txikien Itsasoa, que aúna a decenas de colectivos sociales y sindicales contra la guerra y el militarismo y en defensa de vidas dignas para todas las personas, y el 7 de junio en la Marcha al polígono de las Bardenas, buscando acuerdos amplios y plurales que aúnen voluntades en contra de la escalada bélica en la que nos han metido.
Firman esta carta: Iñaki Comes Arambillet y Maravi Gorriz Armendariz En nombre de ESK Sindikatua