Tximeleta, una utopía educativa que por suerte existió
Un huevo se comienza a formar en Navarra alrededor del año 2000, quizá antes, un grupo de familias andan buscando para sus hij@s una nueva manera de acompañar, de criar, de educar. Comienzan a juntarse con sus criaturas. Cada familia tiene un punto de vista, algunos buscan una alimentación más sana, otros un sistema que nos trate como a personas, casi todos quieren ser menos directivos cuando están criando, no quieren repetir dinámicas, algo resuena en su interior, una voz que ya no pueden apagar. Seguro que más de un@ de ell@s habrá leído libros variados del tema, donde se habla de Summerhill, del Pestalozzi, de Montessori, por aquel entonces no tan conocidos.
Entonces deciden buscar una “maestra”, mejor la llamamos acompañante, buscan un local, primero en Tajonar, después una bajera en una calle de lo viejo, y comienza esta historia que marcará a tantos y tantas.
Por azares del destino coincidimos en 2007, menudo descubrimiento. Un grupo de lo más variopinto, enriquecedor. Acostumbrado como estaba, trabajando en un centro sanitario, a ver a mi alrededor a adult@s y niñ@s “funcionales” para el sistema, domesticad@s, dóciles, vacunad@s, alimentad@s, muy homogéne@s, yo mismo frente al espejo, aquello era mejor que un viaje a la Amazonia. Madres y padres maestros, panaderos, artesanos, artistas, periodistas, policías, con una conexión muy especial con sus descendientes. Tod@s habían pasado por el sistema escolar y por hache o por b no les había convencido, no lo querían para sus hij@s. Y consiguieron crear un espacio donde relacionarse con respeto, no perfecto, claro, pero ni compararse podía con un colegio. Se van juntando familias que buscan algo similar y va creciendo la larva, se va alimentando de algunas hojas, en este inicio gracias a Merche, tan maternal. Todo esto requiere mucha energía, reuniones, actas, organización, limpieza, mercadillo, también discusiones, dudas, replanteárselo todo, mucho trabajo y dedicación.
Pero ¿cómo? ¿No hace falta enseñarles todo a todas horas? ¿No tienen que aprender idiomas, matemáticas, lenguaje, historia? Unos años antes, tan perdido como me encontraba, hasta habíamos entrado en contacto con una guardería que estimulaba a los bebés de meses con cuadros de Velázquez, Goya, vídeos en inglés, francés, en fin…
Echo la vista atrás y estoy tan contento de haberles conocido, de ser un poco más consciente, aunque sea sólo un poco. Nos sirvió para escucharnos, repensar lo establecido, reestructurar nuestra vida. ¿Pero cómo? ¿No hay que decirle qué tiene que comer, cuánto, a qué hora? Que tenemos que confiar en sus instintos, que sepa escucharse para saber cuándo tiene hambre y comer, o cuándo no la tiene? ¡Sí, hombre! Y ahora me doy cuenta de la cantidad de energía ahorrada, las discusiones, las mentiras, las manipulaciones. Nada de engaños. ¿Y lo de hacer que una cuchara es un avión para comer el brócoli? Ni avión ni brócoli. ¡Qué descanso!
A medio camino se encontraron con otro grupo de familias en un pueblo de Etxauri con ideas similares, se iba formando la crisálida, se unificaron estos proyectos paralelos, encontraron una casa de pueblo y la pupa creció, llegaron a ser 20, 30 niños, con 4-5 acompañantes. Se unen Xanti el bombero tximeletero, Idoia y sus silencios, Asier Stern y sus arcillas, y tantos otros que me he perdido. Se abre un comedor con comida casera, sana, para los niñ@s.
Tantas familias, reuniones, puntos de vista, transporte, asociación, tesorero, presidente, secretario, y a cada uno le tocaba un tiempo.
Desde el principio lo complicado era mantener todo esto a flote, calcular presupuestos, es autofinanciado y los recursos son limitados. Y ponerse de acuerdo en cada tema, al estar gestionado por varias familias no era fácil.
Y finalmente, con más de 30 niñ@s el proyecto se traslada a Orkoien, donde permanece varios años, viendo pasar a niñas y niños de hasta 12 años, tantas vivencias, mucho lo aprendido, más todavía lo que queda para siempre en los pilares de la personalidad y forma de ser, la manera de llevarse en la vida, de cada uno
Y han pasado 25 años, y la mariposa que llevaba unos años volando con tanta seguridad en sí misma, termina su ciclo vital, muere, finaliza el proyecto. En todas las fases ha sido Tximeleta, ella misma, y en todas ellas hermosa. Otros proyectos cogerán el testigo, otras gentes lo pensarán todo de nuevo, puede que mejor. A nosotros nos dio mucho, menudo revolcón en la vida.
Mila esker Tximeleta!
Gracias fundador@s, Irati y Mikel, Rosa y Patxi, Arantxa y Rober, Helena y Carlos, Belén y Iosu, Elena y Patxi, por pensarlo y llevarlo a cabo. Nótese que primero se menta a la madre, que además de gestar, amamantar, criar y cuidar, casi siempre es la que tira del carro y manda en ese proyecto tan poco de moda que se llama familia...
Gracias maestr@s!
Tximeleta ha sido un centro educativo no directivo, para niños y niñas de hasta 12 años, que ha funcionado en Navarra durante 25 años. Por este proyecto han pasado multitud de familias.