Seguro que te has topado con ellos. Chavales y chavalas jóvenes, de amarillo, en bici, mirando el móvil. Si hace un par de décadas nos dicen que este iba a ser el progreso que el capitalismo nos tenía preparado, nos habríamos echado a temblar.
La irrupción de plataformas digitales ha transformado profundamente la forma de relacionarnos, de consumir y de trabajar. Airbnb, la ciudad uberizada de Ian Brossat expone de manera certera cómo las ciudades están experimentando una metamorfosis por medio de aplicaciones como la mencionada en el título de la obra, que está expulsando a la gente humilde de sus hogares por el encarecimiento del precio de la vivienda, la gentrificación o los problemas de convivencia.
El libro Cuando tu jefe es una app enfoca el problema del nuevo capitalismo de plataforma en las relaciones laborales. Lo que se planteó por parte de algunas compañías como una forma flexible de trabajo –con horarios propios, sin jefes de carne y hueso– se ha acabado convirtiendo en un reto que pone en jaque los avances de los derechos laborales.
La Ley Rider actuó como un dique de contención para no caer en una regresión a todos los avances conquistados por medio de la democracia y el pulso organizativo del movimiento obrero. Lograr derechos nunca fue sencillo y, sin embargo, acabar con ellos puede ser cuestión de semanas, de apretar media vuelta de tuerca los engranajes de una lógica económica salvaje.
Sin embargo, que nadie piense que el retroceso es inevitable. Que nadie tenga la tentación de pensar que los avances conquistados ya no valen. La desconfianza y la falta de expectativas son el caldo de cultivo perfecto para que crezcan nuevas corrientes basadas en ideas reaccionarias. Aquí, los sindicatos somos más importantes que nunca.
CCOO ya ha organizado a las plantillas de trabajadores y trabajadoras de Glovo, una de las empresas más icónicas y que mejor ejemplifican el reto del capitalismo de plataformas. Pamplona fue la primera ciudad que, en verano de 2025, consiguió celebrar elecciones sindicales en esta compañía y a día de hoy ya hay más de 80 delegados y delegadas de personas cuyo cometido es defender los intereses de las plantillas en todo el Estado.
Basado inicialmente en un modelo de falsos autónomos, la justicia reconoció que Glovo era empleador de sus riders y que, por tanto, estos debían ser contratados directamente por la empresa. Resulta que la flexibilidad que nos vendieron era un reflejo de un modelo absolutamente precario: sin salario garantizado, sin indemnización por despido, sin vacaciones pagadas y sin la protección social que merece cualquier persona trabajadora.
Gracias al trabajo y la acción sindical, Glovo ha dejado de ser una máquina de hacer dinero en base a la precariedad de las personas trabajadora.
La reacción por parte de la compañía es abaratar costos, pero CCOO está en pie de guerra para mantener el nivel de empleo –que es absolutamente viable– y mejorar las condiciones laborales de las plantillas. En este sentido, la huelga celebrada los días 24, 25 y 26 de abril fue un éxito. La app en muchas ciudades no atendía pedidos durante esos días, demostrando el éxito y el poder organizativo de las personas trabajadoras en un sector atomizado y con nula tradición sindical.
Pero el problema de fondo en estas nuevas lógicas de mercado va más allá de Glovo. Navarra, con una tradición industrial y un diálogo social consolidado, se enfrenta al reto de integrar nuevos modelos de negocios digitales sin renunciar, ni un ápice, a los derechos laborales ya conquistados. El caso de Glovo evidencia que la transición hacia el nuevo capitalismo de plataformas no puede hacerse a costa de debilitar las garantías de las personas trabajadoras y, quien intenta hacerlo, se encontrará de frente con CCOO, la mayor organización social del Estado.
La tensión ya latente entre una economía voraz y los derechos laborales hacen imprescindible la tarea de los sindicatos de clase. CCOO no se conforma con mantener los derechos que el movimiento obrero conquistó a lo largo de décadas por medio de organización, presión colectiva, democracia y huelgas. La capacidad de generación de riqueza de algunas compañías gracias a la popularización de internet debe redundar en una redistribución mucho más ambiciosa y en mejoras de las condiciones laborales.
Por eso, CCOO no quiere frenarse aquí. El éxito de la organización sindical en Glovo debe trasladarse a otras empresas con circunstancias similares. Pero la organización no se construye sola. Los sindicatos deben ser la herramienta que desplieguen las personas trabajadoras en sus centros de trabajo. La comunión entre plantillas y sindicatos es clave. Los trabajadores y las trabajadoras deben apoyarse en las herramientas y las herramientas, o sea, los sindicatos, deben estar al servicio de las personas trabajadoras. Especialmente de aquellas más precarias. Especialmente en aquellos sectores más cambiantes. El reto es mayúsculo.
La autora es secretaria general de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO de Navarra