Expresiones populares que han guiado a agricultores y ciudadanos durante siglos están perdiendo su validez predictiva ante el acelerado cambio climático. Refranes como “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”, “cuando marzo mayea, mayo marcea”, “abril, aguas mil”, forman parte de un conocimiento colectivo construido a partir de la observación sistemática de la naturaleza durante generaciones, pero la realidad meteorológica contemporánea cuestiona su utilidad.
Estos dichos populares representan un patrimonio inmaterial de gran valor, resultado de siglos de observación continuada de patrones meteorológicos y ciclos naturales. Sin embargo, los cambios en las temperaturas, las lluvias y las estaciones están alterando muchas de las regularidades climáticas sobre las que se apoyaban estos dichos, según analiza Miguel Ángel Navas, investigador del Instituto de Salud Carlos III, que ha profundizado en esta cuestión en un artículo publicado en The Conversation.
El cambio climático no solo afecta a temperaturas y precipitaciones de manera aislada. Su impacto se traduce en un desajuste profundo de los ritmos estacionales que servían como base para estos refranes. Las fechas clave que marcaban transiciones entre estaciones –como el paso del invierno a la primavera o el final de las heladas primaverales– ya no se producen cuando la sabiduría popular esperaba.
Este desajuste tiene implicaciones prácticas significativas. Los agricultores, que históricamente confiaban en estos refranes para decisiones sobre siembras y cosechas, se encuentran ahora en una situación de incertidumbre. Las heladas tardías llegan en momentos inesperados, las lluvias primaverales son más irregulares, y las temperaturas no responden a los patrones tradicionales.
El análisis del investigador Miguel Ángel Navas subraya que no se trata simplemente de que los refranes sean incorrectos, sino de que responden a un clima que ya no existe. Cada generación actualizaba implícitamente este conocimiento popular basándose en su parece experiencia, pero la velocidad actual del cambio climático no permite ese ajuste gradual.
Los refranes constituyeron la primera red de predicción meteorológica. En las sociedades agrarias de la península Ibérica, el refranero sirvió para fijar ciclos de siembra y cosecha y anticipar fenómenos extremos. Hoy en día, este patrimonio lingüístico es un testimonio fundamental de la memoria rural, aunque el cambio climático está alterando su exactitud. Lejos de ser predicciones exactas o infalibles, estos dichos populares condensaban tendencias climáticas y servían como herramientas de supervivencia y planificación para las antiguas comunidades agrarias.
Cuando se decía “en abril, aguas mil”, se hacía referencia a las esperadas lluvias primaverales. Hoy en día, los patrones de precipitación han cambiado radicalmente, dando lugar a primaveras más cálidas y secas, seguidas de episodios de lluvias torrenciales.
“Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo” aconsejaba esperar hasta el 9 de junio para guardar la ropa de abrigo por las heladas tardías. Hoy en día, los veranos se adelantan y las temperaturas primaverales son mucho más cálidas, invalidando la advertencia tradicional. Mayo de 2026 ha sido el segundo mayo más cálido jamás registrado a nivel mundial, lo que prolongó el excepcional calor global, con temperaturas casi de récord tanto en la atmósfera como en el océano.
“Cuando marzo mayea, mayo marcea”, este refrán se refería a que si marzo era caluroso, mayo sería frío. Actualmente, las alteraciones atmosféricas provocan que los patrones climáticos sean caóticos, y los ciclos fríos ya no se comportan de forma predecible.
Por el contrario, nos encontramos con los tópicos, que carecen de fundamento científico generando desinformación sobre el clima u otros elementos y que suele basarse en falacias lógicas y teorías conspirativas destinadas a frenar la acción climática. Analizar la evidencia científica permite desmontar los principales tópicos que circulan habitualmente, entre los cuales podemos citar: “El clima siempre ha cambiado de forma natural”. Sí que es cierto que la Tierra ha sufrido ciclos naturales. Sin embargo, el calentamiento actual no se explica por estos ciclos. Los cambios que normalmente tomaban cientos de miles de años están ocurriendo en apenas un par de décadas. Este ritmo sin precedentes coincide con la emisión de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana.
“Hace frío este invierno, por lo tanto, no hay calentamiento global”. Esta afirmación confunde el tiempo meteorológico (lo que ocurre a corto plazo) con el clima (la tendencia a largo plazo). Que existan olas de frío local no anula que la temperatura media del planeta siga aumentando de forma sostenida.
“El dióxido de carbono (CO2) es un gas minoritario, no puede causar tanto daño”. La realidad es que el CO2 representa una fracción muy pequeña de la atmósfera (aproximadamente 0,04%), pero su capacidad para retener calor es enorme. Las leyes de la física demuestran que pequeñas proporciones de gases activos pueden alterar drásticamente el equilibrio térmico del planeta.
Los tópicos difundidos por el negacionismo no son auténticos, sino que forman parte de campañas de desinformación. La comunidad científica respalda por unanimidad que el cambio climático es real, está ocurriendo a un ritmo sin precedentes y es provocado por la actividad humana. A pesar de esta evidencia, las narrativas negacionistas continúan circulando, y estos discursos protegen intereses económicos e industriales y permiten a ciertos sectores eludir su responsabilidad, tratando de evitar la lucha climática.
El autor es presidente de Fundación Clima y Premio Nacional de Medio Ambiente