Ver la previsión del tiempo hasta el fin de semana acojona un poco. Termómetros por encima de los 35 grados y rozando los 40 cuando estamos a mediados del mes de junio, un mes que en los últimos años se está destacando por sufrir semanas incluso más calurosas que en julio o agosto. Basta recordar aquella terrible semana de junio del año 2022, con temperaturas medias de récord en todo Navarra, cuando varios incendios asolaron extensos parajes de la Zona Media.
El calor, unido a la total ausencia de lluvias desde hace un mes, convierte todo en un polvorín que esperemos que no estalle estos días, aunque ya el lunes hubo varios incendios felizmente controlados. Y es que si miro las precipitaciones acumuladas desde el 16 de mayo, hace un mes, veo que en Pamplona apenas han caído 1,2 litros por metro cuadrado, una cantidad irrisoria -la media histórica está en unos 60 litros- que es casi idéntica a lo caído de la horizontal de la Ulzama hacia abajo y que solo crece un poco en la zona norte más pegada al cantábrico –22 litros en Bera, cuando la media son unos 120–.
A pesar de que embalses y pantanos están bastante llenos por el buen invierno y primavera, los suelos de esta tierra están acostumbrados a precipitaciones habituales, y cuando sufren largos períodos de sequía no digo que enseguida pero sí con bastante rapidez se convierten en eriales de polvo y paja y los montes en unas auténticas bombas de relojería debido a la muchísima vegetación que crece de manera abundante tras temporadas de fuertes lluvias, como ha sido el caso este año.
Por tanto, una situación en la que habrá que confiar que primen los principios de prudencia y cautela con toda clase de actividades que puedan ser susceptibles de provocar incendios, porque, por lo menos en unos días, no se ven grandes opciones de que cambie el panorama. Hoy avisan de 4 posibles gotas, pero eso, 4. Ojalá sean más.