Este año se cumplen cuatro décadas desde que empezó a aplicarse la PAC (Política Agraria Común) en España. Un periodo que ha transformado un sector agrario deficitario, empobrecido y poco competitivo, heredero de décadas de aislamiento, en una agricultura modernizada, permitiendo que las personas que trabajan la tierra lo hagan con dignidad y orgullo.

Una PAC que ayuda a fijar población en nuestros pueblos, a mantenerlos vivos, a generar empleo en el medio rural y a garantizar la producción de alimentos de calidad.

Vemos cómo la inyección anual de estas ayudas constituye un apoyo financiero insustituible para garantizar la estabilidad de las rentas. Además, en situaciones excepcionales (sequía, guerra de Ucrania, etcétera) ha sido el gobierno de España quien las ha complementado mediante ayudas directas.

En Navarra, durante el último año, se han destinado 95,3 millones de euros a nuestro sector agrícola. Algo imprescindible para seguir contando con un sector agroalimentario que representa un 5% del PIB foral y el 14% del PIB industrial de nuestra comunidad.

Una industria agroalimentaria que, en estos 40 años, ha multiplicado por ocho su facturación y ha aumentado su volumen de empleo en un 51% a nivel nacional.

La actual PAC 2023-2027 fue fruto de un acuerdo entre el Gobierno de España y las comunidades autónomas, que ha permitido una mejor distribución de las ayudas, el pago redistributivo, el refuerzo a las ayudas asociadas a los sectores más vulnerables y el éxito de los ecorregímenes, que hacen posible compatibilizar sostenibilidad y rentabilidad.

Pero, si hay que señalar un elemento clave para la competitividad del sector, es la innovación. Actualmente existen más de 2.500 proyectos de I+D+I, en los que Navarra participa activamente. Esto demuestra el compromiso de Navarra y España con su sector agrario.

La futura PAC se encuentra en un momento decisivo y debe reforzar los tres pilares sobre los que se sustenta: suficiencia financiera, identidad y no renacionalización.

La cuantía de las ayudas debe ser, como mínimo, la actual, algo que para el Gobierno de España constituye una línea roja. Tiene que haber rentabilidad para agricultores y ganaderos; de lo contrario, no habrá inversiones, innovación ni relevo generacional.

Asimismo, debe mantenerse la identidad propia de la PAC como una política fundamental, con un marco jurídico diferenciado del resto de las políticas de la Unión Europea.

La futura PAC no puede pasar por una renacionalización de la política agraria. Debe seguir siendo la verdadera política común europea; de lo contrario, se rompería la esencia de uno de los pilares fundamentales de la construcción europea y aumentarían las desigualdades.

Seguir defendiendo una PAC con una financiación suficiente, verdaderamente comunitaria y que no pierda de vista a los profesionales del campo es defender el futuro de nuestros pueblos, reconocer el valor estratégico del sector y garantizar nuestra seguridad alimentaria. Felicidades y a por otros 40 años más.

El autor es diputado del PSOE y portavoz en la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación