Desde sus comienzos en el siglo IX, el Camino de Santiago se constituyó como una red de comunicación mediante la cual se realizó un intercambio social, cultural y comercial que transformó las poblaciones por las que discurría, originando el nacimiento de otras y realizando un potenciamiento económico a lo largo de su recorrido.
Navarra fue de los reinos favorecidos por todo lo anterior ya que, dicho camino, cuyos itinerarios viniendo bien desde Aragón o bien directamente desde Francia, se unificaban en Obanos-Puente La Reina (“Donde los caminos se hacen uno”) y seguían hacia Logroño, lo recorrían de cabo a rabo.
Hoy en día, otros caminos esenciales para el desarrollo de cualquier territorio son las líneas eléctricas, que permiten trasladar la energía desde las cada vez más dispersas y numerosas centrales en las que se produce la energía hasta las ciudades y polígonos industriales donde se consume. Esta red debe ser potente, resiliente, flexible y capilar, para que permita llegar la potencia adecuada a todos los puntos donde es requerida de forma estable y segura.
En este sentido la comunidad no es de las más agraciadas ya que, si miramos el mapa de capacidad que publica Red Eléctrica de España en el que se indica la potencia disponible en la red de transporte (líneas de 400 y 220 kV que son las autopistas de la electricidad) para conexión de nuevos proyectos, nos encontramos con la descorazonadora cifra de 0 MW. Es decir, no hay potencia para ningún nuevo desarrollo que se quiera hacer en la Comunidad Foral. Podríamos consolarnos pensando que ya tenemos potencia concedida para proyectos encima de la mesa, pero ahí solo encontramos una comunidad autónoma (La Rioja) con menos potencia concedida.
Para paliar esta futura escasez, en el documento Planificación de la Red de Transporte de Energía Eléctrica hasta 2030 que actualmente se encuentra en la fase de borrador, se desarrollan una serie de infraestructuras que deberían permitir tener una red lo suficientemente capaz para permitir que los proyectos que dependen de ella (todos hoy en día) no se deban paralizar por falta de energía.
No lo debieron ver muy claro los representantes de la comunidad ya que presentaron en 2025 multitud de alegaciones al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, entre las que se incluían la ampliación de numerosas subestaciones, alguna línea eléctrica de transporte adicional y algún apoyo a la Red de Distribución (de menor tensión que la anterior, que depende de la misma y que llega hasta los consumidores finales) que no se habían contemplado en dicho documento.
Esto es importante ya que Navarra es una comunidad excedentaria de energía eléctrica (el año pasado produjo un 30% más que la que consumió) exportando a otras comunidades lo que no se consume dentro de sus límites. Esto es debido a dos factores principales.
El primero es un aumento de la generación en la comunidad (un 28% en los últimos 15 años), gracias en gran parte al cierzo, que mueve vigorosamente los numerosos molinos instalados (responsables de la mitad de dicha generación) y haciendo que el porcentaje de generación renovable alcance aproximadamente los dos tercios del total (estando por encima de la media del conjunto nacional).
El segundo factor que influye es el estancamiento de la demanda eléctrica. A pesar de que dicha esta demanda ha disminuido en Navarra tan solo un 2% desde el año 2011 frente al 5% del conjunto español y de que en los dos últimos años está recuperándose, se debería poder aumentar la misma, en tanto que suele ser un reflejo de una mayor actividad económica (especialmente del sector industrial).
Por todo lo anterior, la planificación de la red antes mencionada debería permitir que los diferentes proyectos (tanto los que requieren consumo de potencia como los de generación que quieran inyectarla) tengan un enchufe que permita el desarrollo de los mismos y paliar la situación actual de ausencia de capacidad que representa hoy en día el mismo peligro que para los peregrinos eran los bandidos, las fieras y la nieve y frío de las montañas en invierno.
También, al igual que en el camino de Santiago había una ruta que venía directa desde Francia, en el camino eléctrico se echa en falta la parte del itinerario francés que desde la comunidad establecería una conexión directa (y no únicamente a través del País Vasco) entre la región de Olza y la de Cantegrit en Francia. Dicha infraestructura está en el borrador de la comentada planificación, pero solo a título informativo, sin compromiso alguno de realización (pese al interés de Bruselas en aumentar la capacidad de conexión internacional), indicándola como un futurible a partir de 2030. Esta línea debería ser similar a la existente entre Santa Llogaia (Gerona) y Baixas (Francia) que atraviesa los Pirineos mediante un túnel, de forma que se minimiza su impacto ambiental y paisajístico. Se echa en falta porque permitiría un mayor intercambio con nuestro vecino galo, vendiendo los excedentes de energía renovable de nuestro país (parte de los mismos se quedan sin poderse producir durante determinadas horas por no poder inyectarse a la red) y permitiendo comprar energía de sus centrales nucleares en otras horas en las que no hay tanta abundancia y en las cuales el precio de los electrones se encarece. Unos lo llamarían competencia, pero yo personalmente prefiero denominarlo colaboración.
Al igual que los peregrinos que seguían el itinerario marcado por las conchas, Navarra está en el camino eléctrico correcto, lo que se refleja en mucha energía renovable, buenas interconexiones eléctricas y proyectos con ganas de ubicarse en la comunidad. Faltaría que se terminaran de concretar las hospederías o albergues que permitan el establecimiento de los mismos y que favorezcan el mismo desarrollo que propició en su tiempo el Camino de Santiago en la comunidad.
El autor es ingeniero industrial, experto en Sistemas Eléctricos y Mercados Energéticos